Porque sí

Porque sí

Año 2004

Veintises

 

Give Me One Good Reason - Blink 182 - YouTube (Ya sabéis lo que hay que hacer :3)

 

 

Me encanta. Mi móvil me encanta. Me encanta tanto que me dan ganas de estamparlo contra el cristal de la ventana. Sí. Algún día lo haré. La puñetera alarma no ha sonado y llego tarde. Esto me recuerda al primer día de clase, cuando me quedé dormida. Son menos veinticinco y todavía tengo que guardar los libros en la mochila y por si fuera poco, despertar a mi hermano para que no le pase lo mismo que a mí.

 

-¡Jaaaaaake!-grito subiendo las escaleras.

 

Abro la puerta de su habitación con brusquedad y veo que ni se ha enterado.

 

-¡Jake joder!

-¡¿Qué coño quieres?!-dice tapándose la cara con la almohada.

-¡Que te levantes de una puta vez!

-¡Pero si llego de sobra!

-¿Sí? ¿Has visto qué hora es? ¡Con la media hora que tardas en ponerte la corbata llegarás tarde!

-¡Gilipollas!-exclama cuando bajo por las escaleras.

 

Río, pero enseguida se me borra la sonrisa de la cara cuando por poco me caigo por bajar los escalones de dos en dos.

Salgo de casa con la mochila casi por los suelos y la chaqueta a medio poner. Y…oh espera, los cordones desatados. Miro el reloj. Queda un minuto para que la aguja llegue a menos veinte. Por favor autobús, retrásate. Corro lo más rápido posible y cuando llego a la parada me quedo extrañada, pues ni siquiera he visto el bus por el camino. No hay nadie, así que no tengo ni idea de si lo he perdido. Suspiro. Estoy congelada a pesar de la carrera que me acabo de pegar. Y suspiro aún más cuando de lejos, veo a Jones andando hacia aquí con paso lento y despreocupado.

Vamos autobús, vamos. De repente, nuestras miradas se cruzan y a la misma vez, veo el autobús acercarse a la parada. Gracias a Dios. Danny acelera el paso, pero yo subo antes de que él pueda llegar a mi lado y poder dirigirme una de sus frasecitas.

Sonrío cuando siento su respiración acelerada detrás de mí y avanzo buscando a Dougie. Lo veo en los asientos de la derecha, con la cabeza apoyada en el cristal, un auricular puesto y el otro colgando, y los ojos a medio cerrar. Me siento, y Danny sigue caminando, sin mirarme. Asomo la cabeza por el asiento y de repente, él también gira la suya y me sonríe. Vuelvo a mi posición anterior muerta de vergüenza y miro a Dougie, que al parecer no se ha dado cuenta aún de que estoy aquí.

 

-Dougie…eh…-digo dándole una palmadita en el hombro.

 

Dougie abre los ojos y me mira. Qué ganas tenía de ver ese color azul.

 

-Me he quedado dormido.-responde tímido.

-¿Con todo este jaleo y los auriculares puestos?

-Sí…-dice sonriendo.

 

Le sonrío sin enseñar mis dientes y le digo:

 

-¿Qué escuchas?

 

No me contesta y me ofrece el auricular derecho. El cable es demasiado corto, por lo que me pego un poco más de lo normal a él.

 

It’s cool when they piss people off with what they wear, oh yeah. So give me one good reason, why we need to be like them…

 

-Eehh…esta canción mola.

-¿Te gusta?

-¡Si! ¿Blink-182?

-Sí, “Give me one good reason”.

 

Le sonrío y escucho la canción hasta el final. La verdad es que estos chicos son buenos. Debería escucharlos más a menudo.

 

-¿Todo bien ayer con tu madre?-le pregunto cuando le entrego el auricular.

-¿Eh?-contesta despistado.-Sí, sí. Es que a veces se pone muy pesada, no le gusta que pase tanto tiempo en el ordenador.

-¿Qué? ¿No decías que tenías que ir a algún sitio con ella?

-Oh…sí, eso también. Si sí, todo bien.-dice apartando la mirada hacia la ventana.

 

¿Soy yo o todo el mundo intenta ocultarme algo?

 

-Bueno…-digo después de suspirar.

-¿Qué?

-Nada nada.

 

Dougie se ríe y dice:

 

-Eres muy rara Selene.

-¿Rara yo?

-Sí, a tu manera.

 

Le doy un pequeño codazo y le sonrío.

 

-¿Quieres venir en el recreo conmigo?

 

Hay un silencio.

 

-¿Cómo? ¿Contigo?

-Sí. O sea, conmigo y con mi grupo.

-Oh pues…

-No pasa nada si no quieres. Si vas a estar incómodo no vengas.

-Me lo pensaré ¿vale?

 

Le guiño el ojo y miro hacia otro lado. Joder, Dougie es demasiado mono. Es un chico tímido y dulce. Parece frágil, una persona fácil de hacer daño. Pero yo quiero ayudarle. Quiero ayudarle a que sea más extrovertido y no tenga tanta vergüenza a compartir una conversación con un grupo de amigos.

Llegamos tarde por culpa del autobús. A primera hora tengo literatura y a la profesora Alice no le gusta nada que lleguemos tarde. Ya lo demostró el primer día de clase.

Después de que todo el mundo se bajara del bus, lo hemos hecho Dougie y yo. Subimos los escalones de la entrada con gran velocidad. Dougie es pequeño, pero corre más que yo.

 

-Bueno Doug, yo tengo clase arriba. Mucha suerte en el examen de matemáticas.

-Gracias.

-¿Te veo en el recreo quizás?

-Quizás.

 

Le sonrío por última vez y subo las escaleras. No tengo ganas de llegar a clase con el corazón latiéndome a mil, así que voy a paso normal. Total, ya llego tarde. No hay nadie por los pasillos, pero oigo un “Tsss” proveniente de no muy lejos de mí. Giro mi cabeza y veo a Jones.

 

-¡Hey ven!-dice bajito.

-Danny, llego tarde. Y no sé si sabes que tú también.-digo sin moverme de mi sitio.

-Lo sé. Ya no podemos evitar que Alice nos eche la bronca.-contesta acercándose a mí al ver que yo no lo hago.

-¿Y…?

-¿Te vienes?

-¿Qué dices? ¿Qué si me voy a dónde?

-¿Es que nunca has hecho pellas?

-Eh…sí, alguna vez en Liverpool pero…

-¡Pues vamos!-dice agarrándome el brazo.

-¡Pero espera, espera! Ya no nos dejan salir. ¿Cómo lo vamos a hacer?

-Tranquila, ¿es que no sabes quién soy yo?

-Danny Jones.

-No, pero aparte de eso.

-¿Un chico muy pesado?

 

Danny pone los ojos en blanco y yo me río.

 

-Tengo copias de las llaves de todas las aulas y puertas de salida del instituto. ¿Sigues creyendo que no vamos a poder salir?

-No, pero yo no te he dicho que quiera hacerlo.-digo cruzándome de brazos.

-Vamos…-me suplica.

-¡Eh vosotros!-dice una voz desconocida desde el final del pasillo.

-¡Corre!-exclama Jones cogiéndome del brazo de nuevo.

 

Corro junto a él y bajamos las escaleras a una velocidad increíble. Recorremos todo el pasillo de abajo y giramos a la derecha cuando llegamos al final de éste. Entramos al gimnasio, que estaba cerrado, pero enseguida se abre gracias a la llave de Danny, y la vuelve a cerrar con cuidado.

 

-¡Quieres correr, vaga!-me dice.

-Joder, ¡que ya no hay nadie!

-¿Y qué?, ¡quiero salir ya de este sitio de mierda!

 

Avanzo a paso ligero, hasta la habitación que acaba de abrir. Nos abrimos paso entre balones, cuerdas, redes, vallas de atletismo y demás, hasta que llegamos a una puerta de color roja, la cual tiene una ventanilla de cristal translúcido, que da a la calle.

 

-¿Cómo coño descubriste esta puerta?

-Digamos que el año pasado era el alumno preferido del profesor de gimnasia.

 

Sonrío y Jones abre la puerta, y cuando salimos la vuelve a cerrar. Estamos en un callejón y salimos hasta la calle de atrás del instituto y empezamos a caminar.

 

-Qué. ¿Te ha gustado?

-¿El qué? ¿Tú interpretación de James Bond?

 

Danny suelta una carcajada.

 

-¿Por qué has aceptado?

-¿Aceptar el qué?

-Hacer pellas conmigo.-dice frotándose el ojo.

-He aceptado porque venía un profesor o quién quiera que fuese.

-Sí claro…

-Claro que sí. No tenía otra opción.

-Sí que la tenías. Podías haber dicho la verdad, que llegabas tarde. No estabas haciendo nada malo.

-Ha sido por tu culpa. Tú me has agarrado del brazo y me has llevado, sin ni siquiera darme opción a quedarme.

-¿Quieres volver? Porque si quieres, puedes hacerlo.

-No, no quiero.

 

Danny sonríe y mira al frente.

 

-Antes me has ignorado en el bus.

-Ah…ya.-digo subiéndome hasta arriba la cremallera de la chaqueta.

-¿Por qué?

-Porque no me caes bien.

-Sí que te caigo bien, si no ¿por qué estás aquí?

-Ya te lo he dicho antes, por tu culpa.

-Eso no me vale.

 

Suspiro.

 

-¿Qué le vas a decir a tus amiguitas cuando te pregunten dónde has estado?

-¿En serio te importa?

-Sí. Tú no quieres que sepan que estás conmigo ¿verdad?

-Sí.

-Pues por eso tengo derecho a saberlo.

-¡Tú no tienes derecho a nada!-digo dándole una colleja.

-¡Eh! ¿Por qué me pegas? ¿Tan malo soy contigo?

 

Me río y no le contesto.

 

-¿A dónde se supone que vamos?

-No sé. Pero quiero ir a una tienda que hay por aquí cerca. Ya debe de estar abierta.

-¿Qué tienda es?

-Un sex-shop.

-¡¿Qué?!

-¿Qué pasa? ¿Nunca has ido a uno?

 

Lo miro con cara de asco y no le contesto.

 

-Que guarro eres.

-Es que a Ruth le gusta jugar.

-No quiero saber tu vida sexual, Jones. Ya te lo dije una vez.

-Yo sé que sí te interesa en realidad.

 

Suspiro y miro hacia un lado. Aquí estoy, saltándome la clase de literatura para ir a un sex-shop con Jones. Quién me lo iba a decir a mí.

Cruzamos la calle cuando el semáforo se pone en verde y cambio de dirección siguiendo a Danny, que ha girado a la derecha, en vez de a la izquierda, como yo.

 

-Qué poco sentido de la orientación tienes, Selene.

-¿Por qué no me dices para donde he de girar inútil? No sé tú, ¡pero yo no voy habitualmente a sex-shops! ¡Y además, no veo ninguno por aquí!-digo demasiado alto. Tanto, que una mujer de unos setenta años me ha mirado con mala cara cuando he pasado por su lado.

 

Danny se ríe a carcajada limpia y gira para entrar a una de las tiendas. Miro el escaparate y digo:

 

-¿Qué haces ahora?

-No íbamos a ir a ningún sex-shop, tonta.-dice abriendo la puerta.

 

Levanto una ceja y entro en la tienda después que él. No es un sex-shop, es una tienda de música. Me recuerda a la vez en la que nos encontramos en la que está al lado de nuestra calle, cuando nos chocamos. Fue el día después de que John le pegara tal paliza. Ese día tenía aún la cara magullada. Ahora no tiene ni un rasguño.

 

-¿Qué quieres mirar aquí?

-Guitarras.

-¿Guitarras? ¿Para quién?

-Para enseñar a mi perro a tocarla, no te jode.

-Idiota.

 

Me voy por un pasillo distinto al suyo y miro los instrumentos uno a uno. Observo los violines. Debe de ser muy difícil tocarlo. Creo que nunca podría llegar a hacerlo. Cuando acaricio las cuerdas de una de las guitarras acústicas, oigo a Danny hablar con el dependiente.

 

-¿Y no tiene ninguna más barata?

-De este modelo no. Las Fender Telecaster no suelen bajar de las 800 libras.

-Joder…

-Lo siento.

-Bah, da igual. No importa. Gracias de todos modos.

-Que tenga un buen día.

 

La conversación termina y seguidamente oigo como alguien sale y cierra la puerta con fuerza. Me extraño y me asomo. Al ver que no hay nadie más en la tienda, salgo rápidamente y veo a Danny, cruzando el paso de peatones por el que antes hemos pasado.

 

-¡Eh! ¡Danny!-exclamo parada al otro lado de la acera, pues el semáforo se acaba de poner en rojo.

 

Se gira y me espera apoyado en la pared. Segundos después, me las apaño para cruzar en rojo y de nuevo me encuentro junto a él.

 

-¿Qué te pasa? ¿Por qué has salido de esa manera de la tienda?

-Nada.

 

Me apoyo yo también en la pared y lo miro.

 

-Algo ha tenido que provocarte ese enfado.

-No encuentro ninguna puta guitarra que pueda pagarme, ¿te vale?

-Pero, ¿tú tocas la guitarra?

-Sí.

-Oh, qué…que sorpresa.

-Tengo una acústica, pero está vieja y es una mierda. Quiero una eléctrica, pero valen demasiado caras.

-¿Y por qué no te pones a trabajar?

-Porque no quiero.

-El dinero no te va a caer del cielo.

-Ya, ya lo sé. Eso lo sabemos muy bien en mi casa.-contesta sin mirarme.

 

Hay un momento de silencio. El viento sopla cada vez más fuerte y yo me estoy congelando. En estos momentos es cuando echo de menos el instituto. Por lo menos, hay calefacción. Miro la hora en mi reloj de muñeca y abro mucho los ojos.

 

-Oye creo que será mejor que vayamos ya al instituto, si no nos queremos perder la próxima clase también.

-Es que quiero perdérmela.

 

Me pongo en frente suya y le digo:

 

-Vamos Jones…vas a suspender todas como sigas pasando de todo como ahora.

-¿Desde cuándo te preocupas por mis notas?-pregunta mirándome directamente a los ojos.

 

Me quedo un poco atontada, por el impacto que ha producido ese color azul sobre los míos y le digo:

 

-¿Qué? ¿Yo? ¿Preocuparme por ti?

-¡Pero si acabas de decirme que…!

-¡Calla Jones! ¡Vamos!

 

Esta vez soy yo la que le coge del brazo y lo arrastra hasta el instituto.

No sé que me está pasando. Jones no debería preocuparme. Debería importarme una mierda. Sí, eso. Pero ese tipo de preguntas me salen solas.

Llegamos al instituto justo antes de que se ponga a llover y vamos rápido a la clase de matemáticas. Cuando subimos las escaleras, me separo un poco de él.

 

-¿Qué haces? ¿Te avergüenzas de caminar a mi lado?

-Mis amigas no tienen que saber que hemos estado juntos. ¿Recuerdas?

-Oh…es verdad.

 

Ando tranquila hasta el grupo de gente que hay al lado de la clase de matemáticas, en el que ya estoy viendo a Spencer, Gi y Norah, hablando entre ellas. Giovanna gira la cabeza y me ve. Me saluda con la mano y las demás, también se giran para verme.

En ese momento, mi cuerpo se estampa con el de un niño de primer curso, a causa de un empujón. Un empujón de Danny, que sale corriendo hacia James. Gilipollas.

Veo a las chicas cómo lo miran con cara de asco y a mí, con cara de preocupación cuando me voy acercando después de pedirle perdón al niño.

Jones es un idiota, pero actúa muy bien.

 

 

 

 

 

 

 

PD: Espero que os haya gustado :) He intentado no tardar tanto como en el anterior y creo que lo he conseguido.

PD2: Aprovecho para decir, que me acabo de enterar de que esta chica the heart never lies me está plagiando el Fic. ¡A POR ELLA! XD

PD3: ¡GRACIAS POR LEER! <3

 

Veinticinco (Parte 1)

El viento helado me da en la cara con fuerza y mi pelo se balancea hacia los lados una y otra vez. Mi respiración es entrecortada y los cordones de mi chaqueta a medio abrochar, no paran de darme golpecitos en las mejillas. Llego tarde. Esta mañana, cuando aún dormía, Gio me ha llamado preguntándome si podía salir. Hemos quedado con Norah y Spencer en el instituto. Aún no sé exactamente a dónde vamos, pero me ha dicho que es un sitio que me va a gustar.

Veo de lejos a tres chicas, una de ellas, rubia y de pelo corto, está de pie y las otras dos sentadas en las escaleras de entrada al instituto. Cuando me acerco más, veo sus caras de desesperación.


-¡Ya era hora!-exclama Norah.

-Lo siento, se me ha hecho un poco tarde.

-Llevamos treinta y cinco minutos esperándote, Selene.-me contesta.

-Jo, lo siento.

-Perdonada.


Me sonríe y saludo a las demás. Todas van muy guapas, con un bolso cada una y gorritos de lana. Si lo llego a saber me arreglo un poco más.


-¿A dónde vamos?-pregunto.

-¿No te lo ha dicho Gi?-contesta Spencer.-Vamos a Hyde Park.

-¡Spencer! ¡Quería darle una sorpresa!-dice Giovanna.

-¿A Hyde Park? Oh dios.-digo.

-Te dije que te encantaría.-contesta Gio con una sonrisa.


En las tres semanas que llevo aquí, no he tenido la oportunidad de ir. Ni siquiera sé donde está y no tengo mucho sentido de la orientación. Y si contamos con la colaboración de mi hermano...

Los cincuenta y dos minutos exactos en el metro se me han hecho eternos. Un hombre de unos sesenta años ha estado todo el trayecto mirándonos a las cuatro. Pero todo el trayecto, sin cortarse. Le he tenido que soltar un "¿Qué miras?", con el que, la mujer de al lado ha murmurado algo como: "¡Qué mala educación!". En serio, la gente así me pone enferma.

Sigo a las chicas por las calles del centro de Londres a paso ligero, hasta que llegamos.


-Oh dios mío. Esto...esto no es real. ¡Es precioso!


Nos adentramos en el parque. Es enorme. Todo a mi alrededor es verde, un verde increíble. Creo que en mi vida había visto un verde tan brillante. No hay ni un papel en el suelo, ni si quiera una colilla. Se podría comer en el suelo perfectamente. Hay bastante gente, alguna está paseando, otra tumbada en el césped leyendo un libro y niños corriendo sin rumbo fijo. Después de unos cinco minutos caminando, nos acercamos a una zona de césped en la que no hay nadie alrededor. Se acaba de poner el Sol y en frente nuestra hay un enorme lago.

Nos sentamos en círculo y nos quedamos calladas. Todas miran a Spencer inquietantes, menos yo, que empiezo a arrancar trocitos de césped.


-¿Qué pasa?-pregunto.

-Spencer tiene algo que contarnos.-contesta Norah.

-No voy a decir nada.-dice Spencer mirando sus manos.

-¿Cómo que no? ¡Dijiste que lo contarías cuando llegáramos! ¡Llevo todo el camino mordiéndome las uñas por tu culpa!-exclama Norah.

-¡Exagerada!-le responde Spencer.-Eres una cotilla.

-Lo sé, pero o lo cuentas ya o te ahogo en el río.

-A ver, tranquilidad.-dice Giovanna.-Resolvamos esto como personas civilizadas. Cuéntalo ya, si no quieres que te ahogue yo también.

-¿Pero qué es tan importante?-pregunto.

-Ayer, Spencer y John estuvieron juntos toda la tarde.-cuenta Norah hablando deprisa.

-Ah…seguro que tuvisteis una tarde romántica. ¿No es así?


Spencer me sonríe, al ver que yo no la presiono.


-A ver, estuvimos en su casa.

-Oh dios mío, oh dios mío.-dice Norah.

-Estábamos en su habitación, hablando de nada importante, cuando de repente, se quedó callado y me miró. Me dijo: “No quiero precipitarme, pero es que no me puedo aguantar”. Y me besó.


Norah pega un grito, con el que todo el mundo en Hyde Park gira su cabeza para mirarnos.


-¡¡Que mono!!-dice haciendo palmitas.-Y te dijo que no quería precipitarse…aww.

-¿Y por qué lo de precipitarse?-pregunto.

-Pues porque él sabe perfectamente lo que le pasó con…-dice callándose de repente y mirando a Spencer con los ojos muy abiertos.

-Porque no me quiere hacer daño.-continúa Spencer.

-Ah…-respondo sabiendo que hay algo que no me quieren contar.-¿Y por qué iba a hacerte daño?-pregunto intentando sacar alguna información.

-Porque Spencer es muy sensible para este tipo de cosas.-dice Norah.-¡Ay mirad ese perrito!-dice impidiéndome hablar más sobre ese tema.


Giovanna se gira para verlo, pero Spencer y yo no. Nos miramos, pero ella enseguida aparta sus ojos de los míos. Sé que entre todas me ocultan algo que le pasó. Entiendo que no me lo quieran contar, pues solo nos conocemos dos semanas escasas, pero sé guardar un secreto y pueden confiar en mí.

Es la hora de comer, y decidimos ir a un “Subway” que hay cerca de aquí. Por el camino, voy hablando con Gio, mientras Spencer y Norah van más adelantadas. Ella se acerca más a mí y me dice en voz baja para prevenir ser escuchada:


-Ayer estuviste con Harry ¿no?

-Sí.-respondo con una tonta sonrisa.

-¿Y?

-Pues nada.

-¿Nada?

-No.

-¿Segura?

-Segura.

-Puedes contármelo todo eh…yo no soy como Norah.-dice soltando una pequeña risa.

-Lo sé. En cuanto pase algo, sabes que serás la primera en enterarte.


Giovanna me responde con una bonita sonrisa y nos acercamos a las demás. Gi es como mi confidente. Es la única a la que se lo cuento todo. Tiene cara de buena persona y lo es. Cuando se acercó a mí el primer día de clase y se ofreció a enseñarme el instituto supe que lo era y que congeniaríamos bien.

Después de pasar por al lado de un par de tiendas de souvenirs, abarrotadas de extranjeros, llegamos al restaurante.

Norah ha tardado quince minutos en decidir qué ingredientes quería en el bocadillo. Hemos estado a punto de tirarle una barra de pan a la cabeza.

Nos hemos sentado en una de las mesas pegadas a la cristalera, de manera que podemos ver a la gente de la calle pasar.


-No tenía que haberle dicho al tío que me echara aceitunas.-dice Norah cuando muerde su bocadillo por segunda vez.


Spencer le echa una mirada asesina, al igual que yo, y Giovanna se ríe.


-¿Qué?-dice encogiéndose de hombros.-Ya que pago la comida me gusta que esté buena. No voy a pagar por algo que no me guste…

-¡Que sí, Norah! ¡Que sí!-dice Spencer.

-Vale vale…no me vayas a pegar.-contesta mirando hacia el cristal.


Después de dar un buen sorbo a mi refresco, y aguantarme el eructo que éste me ha producido, suspiro y miro a la nada, pensando lo que voy a preguntar.


-¿Hay alguna novedad sobre John y Danny? Tú estuviste ayer con él, Spencer. ¿No te dijo nada?

-La verdad es que se lo comenté. Pero me dijo que aún no habían hablado ni para empezar a hacer el trabajo.

-¿Pero piensan hablarse algún día? Porque el trabajo no es sólo para filosofía, si no un castigo que deben cumplir por la pelea.-dice Norah.

-Ya se lo he dicho mil veces. Cada uno está esperando a que el otro dé el primer paso. Pero sé que Danny nunca lo hará.-cuenta Spencer.-Además, John me ha contado que Danny dijo que ya bastante había hecho por él, como para tener que ir arrastrándose a arreglar las cosas.

-¿Qué? ¿Qué ya bastante ha hecho por él?-pregunta Gio.-¿Qué ha hecho Danny por John?

-Que yo sepa, nada.-contesta Spencer.


Nos quedamos todas en silencio unos segundos, pensativas. Preguntándonos cuál debe ser la respuesta a nuestra duda. Ellas lo tienen más fácil que yo, pues creo que es la única pregunta que tienen en su mente ahora mismo. En cambio yo, tengo unas cuantas más por resolver. ¿Qué es eso que le pasó a Spencer? ¿Por qué no quieren contármelo? ¿Y mi hermano? ¿Por qué dejó a Kate realmente? ¿Y Dougie? ¿Por qué iba el viernes con esa gente? ¿Y Danny? ¿Qué es lo que quiere de mí?


-¿A dónde vas?-pregunta Norah.

-Al baño, ahora vuelo.

 

Me giro y camino hacia el aseo. Me miro al espejo y pongo cara de asco. Estoy horrible, el viento me ha destrozado el pelo. Me odio. Hay veces que me doy asco a mí misma y hoy es uno de esos días. Encima el tiempo me deprime. ¿Por qué se ha tenido que quitar el puñetero sol? ¿Por qué?

Cuando me seco las manos con el papel, mi móvil empieza a sonar. Me cambié ayer el tono a “Skater boy” de Avril Lavigne, pero creo que tengo que bajarle el volumen porque suena demasiado fuerte.

-Dime hermanito.

-¿Dónde estás?

-En la calle.

-¿No me digas?

-¿Qué quieres?

-¿No ibas a venir a comer?

-¡Te he dejado una nota imbécil!

-¿Dónde?

-¡La he pegado en el frigorífico!

-¿Ah sí? Pues no la he visto…

-La próxima vez te la pegaré en la frente para que te des cuenta. ¿O tampoco te miras al espejo por las mañanas?

-Cállate inútil.

-No, el inútil serías tú ahora mismo. ¿Sabes lo que quiere decir? “No útil”.

-Que te jodan.

 

“Pi pi, pi pi”.

 

-Es lo que me hace todo el mundo todo el tiempo-digo sabiendo que ya no hay nadie en la otra línea.

 

Salgo del baño y me dirijo de nuevo a la mesa con las chicas, que se callan de repente en cuanto se dan cuenta de mi presencia y cogen lo que sea para hacer que están entretenidas con eso.

 

-¿Qué habéis hecho durante mi ausencia?-pregunto cuando me siento y me arrimo a la mesa.

-Nada…-dice Gi.

-¿Y por qué mi bocadillo ya no tiene pollo?-digo quitándole la rebanada superior.

 

Se quedan calladas, hasta que Spencer estalla a reír.

 

-Lo siento, por culpa de Norah le he dado un manotazo al bocadillo.

-¿Cómo que por culpa mía? ¡Estabas espantando a una mosca!

Río y miro el bocadillo con asco.

-No te preocupes, la mosca no se ha llegado a posar y el bocadillo no ha tocado el suelo. A diferencia del pollo, claro.

-¿Y ahora qué se supone que voy a comer yo? ¿Pan con aceitunas, salsa, lechuga, tomate, zanahoria…?

-Sí, ¿pinta bien no?-dice Norah.

 

Al final, con la tontería, he comido bien. Giovanna ha propuesto echar en mi bocadillo un poco de lo que llevaba cada uno de los suyos. Ha sido una mezcla un tanto extraña, pero estaba muy bueno.

Son las 16:30 y me acabo de despedir de las chicas en el instituto. Me dirijo a casa, a aguantar a mi hermano una tarde más. Quiero que se pase pronto y sea lunes por la mañana, concretamente cuando venga el autobús, más que nada porque me apetece muchísimo ver a Dougie y charlar con él. Ese jueves, cuando lo vi con esa gente…me dejó un poco descolocada. Quiero volver a hablar con él sobre la chica que le gusta, Joanna creo que se llamaba, sobre Blink-182 y sobre las canciones que escribe. Quiero que me cuente cosas.

Me he sentido rara al pasar por delante de la casa de Jones sin notar su presencia. He caminado hasta mi casa tranquilamente y he abierto la puerta sin sentir ningunos ojos clavándome la mirada. 
Me dirijo a la cocina a por algo de beber, después de cambiarme y ponerme algo cómodo, pues no creo que salga más en todo lo que queda de tarde. Parece que Jake no está, gracias a Dios. Aunque no me dijo que saldría esta tarde. 
Voy a abrir el frigorífico y encuentro la nota que le dejé esta mañana. Está exactamente igual que cuando la vi por última vez, salvo por un pequeño detalle: hay un pene dibujado en ella. Si, un pene. Mi hermano es muy maduro a sus veintiún años.
Pienso en Harry mientras bebo el vaso de agua. Qué guapo es. Que estará haciendo ahora? Ojalá tuviera un espejo, una bola de cristal o algo, lo que sea que haga posible ver lo que hace la gente en el momento que yo eligiera. Estaría bien.
Me apetece comer algo, aunque aún tengo el bocadillo del "Subway" reciente. Cojo una caja con galletitas con pepitas de chocolate y me la llevo al salón por si me apetece atiborrarme de ellas. 
Cierro la puerta para tener más intimidad, aunque no haya nadie. Me gusta tener las puertas de las habitaciones en las que estoy cerradas. Hace que el lugar sea más acogedor. 
Cuando me tiro en el sofá, me doy cuenta de que mi hermano se ha dejado el portátil cargándose en el posa brazos. Lo cojo y lo abro. Tiene una foto de una tía en bikini de fondo de pantalla. Por lo menos, no tiene algo de lo que me arrepienta ver durante toda mi vida. Me percato de que la ventana del MSN está sin cerrar y pincho sobre ella. Hay también una conversación abierta con un tal Joe, pero me resisto a leerla. No, no la leeré. Sé perfectamente que si en este momento fuera él quien viera una conversación mía, la leería enterita al instante, e incluso se haría pasar por mí, pero no, yo no lo haré. Lo sé, con todas las cosas que me hace debería hacerlo, pero soy demasiado buena. 
Cierro la conversación y también cierro su sesión. Me aburro, así que voy a aprovechar y conectarme al mío, que hace tiempo que no entro por ahí. Introduzco mi correo y la contraseña dos veces porque me he equivocado y le doy a iniciar sesión. Mientras los muñequitos azul y verde dan vueltas cojo una de las galletitas de la caja y me la echo a la boca. 

 

 

 

 

El capítulo aún no ha terminado, abajo está la parte 2. Lo he tenido que subir así porque me decía que la entrada era demasiado larga y no me dejaba subirlo. ¡Dadle a la rula del ratón y seguid leyendo! :D

Veinticinco (Parte 2)

363 mensajes sin leer en tu bandeja de entrada. Muy bien, ya los leeré otro día. Sólo hay 6 usuarios conectados ahora mismo. No me da tiempo a mirar quienes son, pues una barrita naranja empieza a parpadear. No por favor, Jones no.

 

Danny: ¿No me echas de menos?

Si, un huevo. No sé si bloquearlo para que no me hable más. 

Danny te ha enviado un zumbido.

Me cago en la hostia. ¿Quieres un Danny pesado en tu vida? ¡Ahora también disponible online! Qué genial.

Selene: ¿No, y tú?

Le respondo apretando la tecla de 'Enter' con fuerza. 
Aprovecho los pocos segundos que tengo antes de que me responda para ver quién hay más conectado. De repente, veo un nombre sobre el que pincho rápidamente.

Selene: ¡Hola Dougie! :)

Aww. Me ha hecho ilusión que esté conectado.

Danny: ¿Cómo que no me has echado de menos? Yo a ti un montón, guapa :)
Selene: ¿Cómo eres capaz de pensar que te echaría de menos?
Danny: Porque soy un chico encantador.
Selene: No lo eres.
Danny: Claro que lo soy.

Minimizo la conversación y le doy a la de Dougie que me acaba de contestar y además, ahora viene lo de: "Si lo soy, no, si, no, si" con Danny.

Dougie: ¡Hola! :D
Selene: ¿Cómo estás? 
Dougie: Bien, aquí en casa. ¿Y tú?
Selene: Aburrida. ¿Qué tal este fin de semana?

Danny te ha enviado un zumbido.

Selene: Qué quieres.
Danny: ¿Por qué no me contestas?
Selene: Porque paso de decir estupideces.
Danny: No son estupideces.
Selene: Sí que lo son.
Danny: No.
Selene: ¿Lo ves?
Danny: ¡Pero si eres tú!

Pongo los ojos en blanco y me voy a la ventanita de Dougie.

Dougie: Bien...aunque un poco agotado. He estado estudiando para el examen de matemáticas.

Justo cuando leo "matemáticas" me acuerdo de lo que me dijo ayer Harry: "haz los deberes de matemáticas". Se me han olvidado por completo. Luego después de cenar me los miro.

Selene: Oh, ¿lo tienes mañana?
Dougie: Sí.
Selene: ¡Espero que apruebes! Mañana te deseo suerte en el bus, ¿vale?
Dougie: Vale :)
Selene: Y dime, ¿te ayudó Charlie el jueves a estudiarlas?

De repente, suena el sonido correspondiente a una petición de videollamada procedente de la conversación con Jones.

Danny: Acepta por fa.
Selene: No.
Danny: Venga, que James y yo queremos verte. ¿No nos quieres ver tú?
Selene: ¿Estas con James?
Danny: Si, en su casa. ¿Vas a aceptar o no?
Selene: Te he dicho que no.
Danny: ¿¿Pero por qué??
Selene: Porque no me apetece ver tu cara.
Danny: ¿Qué te pasa conmigo? Ayer estábamos bien. Vimos una película juntos, ¿no te acuerdas?

No contesto, no sé qué responderle. Tiene razón.

Danny: Dijiste que estarías bien conmigo cuando hablara con John ¿no?
Selene: Sí.
Danny: Pues ya está.
Selene: ¿Es que ya lo has hecho?
Danny: No.

Resoplo con fuerza por la capacidad que tiene Jones para liar a la gente.

Selene: ¿Entonces para qué coño insinúas que ya has hablado con él?
Danny: Es que yo no he insinuado nada.

Vuelvo a resoplar y lanzo el portátil a un lado. No puedo con este ser humano, no puedo. 
Enciendo la televisión para ver si hay algo interesante y relajarme, pero el sonido correspondiente a que te han hablado, suena de nuevo.
Cojo el portátil con rabia, pero me relajo cuando veo que es Dougie el que lo ha hecho. Ya no me acordaba de que lo había dejado a medias.

Dougie: No…al final no. O sea, iba a estudiar con él, pero me convenció para que saliéramos. Por eso me viste el jueves.

Selene: Aahh. ¿Pero lo llevas bien preparado no?

Dougie: Sí, sí.

Selene: :)

 

El sonido de la videollamada comienza a sonar de nuevo, después de haberla rechazado.

 

Danny: Por favoooooor. ¡Acepta la videollamada!

Selene: A ver, ¿qué parte de “NO” no entiendes?

Danny: Joder, siempre estas igual de borde conmigo. ¿Te caigo mal?

 

Me río. Me río porque ya no sé cómo actuar ante las cosas que Danny me dice. Se hace el inocente cuando lleva dándome el por culo desde el primer día de clase.

 

Selene: Sí, me caes mal.

Danny: Pues tú a mí me caes bien.

Selene: ¿Sí?

Danny: Claro.

Selene: No te creo.

Danny: ¿Y qué tengo que hacer para que me creas?

Selene: Lo primero es pedirle perdón a John.

 

Lo que acabo de enviarle no tiene mucho sentido, pues ayer estuve con él viendo una película en el salón de mi casa como si fuésemos amigos de toda la vida. Es más, me gustó ese rato que pasé con él. Y creo que eso no es bueno. Las chicas no me han vuelto a decir que pase de Danny, supongo que es porque les prometí que lo haría. Pero lo que no saben es que estoy incumpliendo esa promesa. Me parece que será mejor llevarlo en secreto. Al menos, durante un tiempo.

 

Danny: Qué pesada, siempre me sales con el mismo tema.

Selene: ¿Y tú qué? Siempre me dices las mismas tonterías.

Danny: Me encanta hablar contigo.

Selene: ¿Qué dices?

Danny: Lo que lees. ¿A ti no?

Selene: Si te soy sincera, no.

 

Miento.

 

Danny: Hahaha…sí, te gusta y lo sabes.

 

Me quedo mirando la pantalla, echando un vistazo a la conversación. A esa conversación que se está yendo de las manos poco a poco. De repente, la barrita de la conversación con Dougie parpadea. Hago click sobre ella.

 

Dougie: Bueno, me tengo que ir.

Selene: ¿A dónde vas?

Dougie: Eh…tengo que ir con mi madre y mi hermana a hacer cosas.

Selene: Ah…vale. Nos vemos mañana.

Dougie: Ok, ¡no llegues tarde!

Selene: ¡Lo intentaré! J

Dougie: Hasta mañana.

Selene: Bye.

 

Dougie cerró sesión.

 

Ahora que Dougie se ha desconectado, la única conversación que tengo es la de Jones y creo que no podré soportarlo. Voy a desconectarme.


Selene: Me voy.

Danny: ¿Qué pasa? No sabes qué responder ¿verdad?

Selene: Pasa que me voy.

Danny: ¿A dónde?

Selene: ¿Qué más te da?

Danny: Me da que me importa.

Selene: No, no te importa.

Danny: Yo te lo cuento todo siempre.

Selene: Venga Jones, no me vengas con gilipolleces. Adiós.

Danny: Qué arisca eres. Mañana será un nuevo día para darte el follón. Que duermas bien.


Cerrar sesión.


PESADO.


Han pasado dos horas desde que apagué el portátil de Jake y no he hecho nada. Absolutamente nada. He estado viendo la televisión, tirada en el sofá y comiéndome las galletitas que he cogido antes.

Mi hermano acaba de llegar a casa y se ha incorporado al sofá junto a mí. Estoy cenando, con una bandeja de color azul colocada perfectamente sobre mis piernas y el retrasado que está a mi lado no para de moverse a caso hecho para que se me caiga lo que hay en ella.


-¡Jake! ¡Para ya coño!

-Es gracioso.-dice mirando la televisión.

-Para ti lo es.

-Para mí y para todo el mundo.

-¿Quieres oír algo gracioso de verdad?-digo sujetando el vaso.

-Suéltalo.

-¡Mañana empiezas a trabajar!


Jake gira la cabeza hacia mí y me mira a los ojos, serio, sin moverse. Yo hago lo mismo y le aguanto la mirada. Mis labios no aguantan tornarse para sonreír y los suyos tampoco, hasta que al final estallo a reír y él se une a mí.


-Que conste que me río porque tú has hecho que lo haga, no por lo que has dicho.

-Sí, claro, claro. Lo que pasa es que estás jodido porque te tienes que levantar a las 08:00 de la mañana y llevas sin hacerlo desde hace tres años.-le contesto.

-Anda, para de recordármelo hermanita.

-¿Tienes tu traje y todo ya?-le pregunto mordiendo mi sándwich de queso.

-Sí, lo he recogido esta mañana de la tintorería.

-Oh, qué responsable te estás volviendo.

-No como tú, que seguro que no has estudiado en todo el fin de semana.

-¿Desde cuándo te preocupas por mis estudios?

-Desde que soy responsable.-dice frotándose el ojo derecho.

-¿Y desde cuando eres responsable?

-¡Quieres dejar de hacer preguntas!-dice dando un bote.


Suelto tal carcajada que me atraganto cuando intento tragar el trozo de sándwich y me doy puñetazos en el pecho a mí misma.


-Qué tonta eres hermanita. Das una pena.

-¿Pena por atragantarme? ¡He podido morir por tu culpa!


Jake coge un cojín y me lo estampa en la cara, rozando el vaso de agua que cae al suelo. Lo siguiente sólo son risas y peleas a la vez. Cada rato que paso con mi hermano es diferente. Lo mismo nos peleamos, como que nos comportamos como si fuésemos los hermanos más perfectos del mundo. De pequeños también hacíamos lo mismo, mi madre siempre nos lo decía. Recuerdo una vez que dijo: “Se quieren tanto, que se tienen que pelear para que no se note mucho”. Y mi madre tenía y tiene toda la razón del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

PD: Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, LO SIENTO.

PD2: Espero que os haya gustado y de verdad perdonadme por tardar 238749823 años en subir.

PD3: Y nada, que si quereis mi twitter es @Sel93ct y que si alguna quiere darme el suyo para avisar cuando subo, que no se corte, que yo aviso a quien quiera.

PD4: Fui a Londres a ver a McFLY y si queréis ver mis videos mi canal de Youtube es "SeleMcfly". SeleMcFly - YouTube ESTO PARECE UNA VALLA PUBLICITARIA.

PD5: Muchísimas gracias por todo :)

 

 

Veinticuatro

No hemos durado ni treinta minutos sentados en ese banco, pues enseguida ha quedado empapado por la lluvia, cosa que ninguno de nosotros tres esperábamos. Hemos ido a uno de los bares de la misma calle, que no tenía mala pinta y que, según Harry, se puede echar una partida al billar.

Me acabo de sentar en la mesa de billar, para esperar a que nos traigan los palos para poder jugar. No tengo ni idea de cómo, pero bueno, espero no darle a nadie con el palo, o quién sabe, cuando le dé a la bola a lo mejor sale disparada y le abro la cabeza a alguien. Con mi torpeza todo es posible.

Veo a un hombre joven acercarse con dos palos, que entrega a George.

 

-¿Tú vas a jugar Selene?.-me pregunta George.

-Pues...la verdad es que no tengo mucha idea de cómo se hace.

-Es muy fácil, ¿quieres o no?

-Sí, sí. Pero, ¿Cómo lo hacemos? Somos tres.

-Pues alguien tendrá que jugar sólo.-dice Harry mientras coloca las bolas con ayuda del triángulo ese.

-¿Le dejamos solo, Selene?-me dice George.

 

Sonrío y digo:

 

-Vale, pero perderemos por mi culpa. Dalo por sentado.

 

George me devuelve la sonrisa y le da el palo a Harry. El nuestro es marrón claro y tiene el extremo de color negro con un dibujo acabado en picos, mientras que el de Harry es de un marrón más oscuro. Me bajo de la mesa de billar y me apoyo a un lado observando a Harry cómo usa la tiza para mejorar su tiro. Comenzará él. Sus bolas son las rayadas y las nuestras las lisas. Se coloca en posición, una posición muy sexy, y golpea la bola blanca. Todas las bolas de colores se mueven y una de color naranja, de las suyas, entra en el hueco de la derecha.

 

-Eso ha sido suerte.-le dice George.

-Eso ha sido golpear con estilo.-le contesta.

 

Me apoyo en la mesa para ver el próximo tiro de Harry. Por lo menos sé, que cuando metes una bola de las tuyas, te toca de nuevo. Sus ojos coinciden con los míos cuando se pone en posición para golpear otra vez la bola y veo su rostro de concentración.

 

-Harry, que no estamos en un campeonato mundial de billar.-le dice George.

 

Al decir eso, Harry golpea la bola pero su objetivo, la bola verde, falla.

 

-¿Para qué dices nada George? Me has desconcentrado.

-¿Desconcentrado yo?

-Sí, siempre haces lo mismo.

-Vamos Harry, no te piques.

 

Harry lo mira serio y con los labios apretados. Suspira y sus ojos se dirigen a mí. Entonces su cara cambia por completo y me sonríe.

 

-Vaya compañero te has buscado.-me dice.

 

Sonrío, porque es lo único que me sale hacer y miro a George.

 

-¿Qué pasa si perdemos?.-le pregunto mientras se prepara para tirar.

-Nada, porque no vamos a perder.-me contesta.

 

Golpea la bola blanca y la bola azul lisa, que es la que pretendía colar, se queda al borde del agujero.

 

-¡Joder!-se queja.

-Tenías que haberle dado más fuerte.-le aconseja Harry.

-Tenías que haberle dado más fuerte...-dice George poniendo su voz.

-¿Por qué os comportáis como si tuvierais cinco años?-pregunto arrebatándole el palo a George.-Todos los tíos lo hacéis.

-Pues yo no me comporto así.-me responde George sin apartar la mirada de Harry que acaba de meter una bola.

-Sí.

-Pues no.

-¿Lo ves?

-¡Args!-dice-¡Calla y dale a la bola, que es tu turno!

 

Río y miro a Harry al otro lado de la mesa, observándome. Preparado para observar el ridículo que haré en unos segundos.

 

-Vale, ¿a qué bola le doy, George?

-Pues a la que sea más fácil. Mira, la roja está perfecta.

 

Suspiro y me acerco al lado izquierdo de la mesa.

 

-A ver, ¿Cómo se supone que tengo que coger el palo?

 

Cuando formulo la pregunta, veo a Harry hacer un amago de acercarse a ayudarme, pero enseguida tengo a George pegado a mí. Nuestros ojos se cruzan cuando pasa eso, y él mira hacia otro lado, mientras se rasca la nuca.

 

-Mira, coloca esta mano lo más atrás posible del palo.-dice poniéndose detrás de mí.-Y con la otra, sujetas la punta...-Se para porque no podemos evitar soltar una carcajada.-...y colocas los dedos así, para...para que cuando lo golpees se deslice bien.

 

Esta vez se ríe Harry, y después George y yo lo acompañamos.

 

-Vale, a ver a dónde mando la bola.-digo.

 

Me coloco en la posición de antes y fijo mi mirada en mi objetivo. Métete, puñetera bola. No quiero parecer inútil delante de Harry. Suspiro, intentando pensar que no hay nadie en el bar, tan sólo yo, y la golpeo casi cerrando los ojos.

 

-¡ALA, ALA! ¡Toma ya!-grito alucinada.

 

Acabo de meter la bola roja, no me lo creo ni yo. George y Harry ríen al ver cómo celebro mi victoria.

 

-Eso se llama ‘la suerte del principiante'.-dice Harry.

-¿Conmigo también te vas a picar?-le pregunto en tono burlón.

 

Me sonríe, pero no dice nada. Suspiro y miro hacia un lado. Me está entrando sed de todas las chucherías que he comido.

 

-Ahora vuelvo, voy a pedir algo de beber.-les informo.

 

Hacen un gesto de aprobación y me alejo de ellos hasta la barra. Una chica rubia y de ojos color castaños me pregunta que quiero. Le respondo que una botella de agua muy fría. Siempre que se me junta la sed con el nerviosismo bebo mucha agua. Suelo meter en el congelador varios botellines porque conviviendo con mi hermano, mi consumo de agua ha aumentado. Por lo menos no es alcohol, porque si no, tendría un grave problema.

Pago a la chica el dinero justo y cuando me dirigo a la mesa de billar, me doy cuenta de que Harry no está.

 

-¿Dónde está Harry?.-pregunto abriendo la botella.

-¿Lo único que bebes es agua? ¿Eres aguadicta?

-¿Qué?-digo intentando no atragantarme por la risa.

-Siempre te pides agua. Lo más soso del mundo.

-¿Te afecta que pida eso?

-No, pero es que, si algún día quiero emborracharte ¿que?

-¿Y tú para que quieres emborracharme?

-Pues no sé, como veo que estando sobria no consigo...

 

Me distraigo de la conversación porque veo a Harry venir del baño. Joder, es que cada vez que lo miro me dan ganas de...de...oh dios.

 

-¡Ey!-dice George.

-¿Qué pasa?-digo.

-Nada.-me contesta.-¿Es que te ha gustado ese chico de la barra? ¡Pero si es muy feo!

-¿Qué chico? ¿Qué dices?-le respondo confusa.

-Eh Harry, a Selene le ha gustado el tío de la camiseta gris.

-¿Sí? ¿Quieres que lo llame y te invite a algo?-dice Harry.

-¡Callaos!

 

Los chicos ríen y yo me quedo de brazos cruzados apoyada en la pared.

 

-¿Te has enfadado?-pregunta Harry.

-No.

-Bueno, pues venga, coje el palo que te toca.-dice George.

-No voy a jugar más.

-¿Por qué?

-Porque os reís de mí.

-¿Pero que dices? ¿Eres tonta?-dice Harry.

 

Me agarra del brazo y posa su mano en mi espalda para llevarme hacia la mesa de billar.

 

-Vamos, mete otra bola como antes.-me anima.

 

Sonrío y él también lo hace. Esos ojos azules. Cómo me gustaría verlos cerca de mí. Cómo me gustaría porder besar a Harry. Sentir su cuerpo pegado al mío y acariciar su cara. Sí, soy demasiado soñadora.

 

La tarde en el bar se me ha pasado rapidísima. Sólo conseguí meter una bola más, pero aún así perdimos. Harry ha celebrado su victoria riendose de nosotros señalándonos con el dedo frente a toda la gente del bar. Yo me reía constantemente, pero George estaba rojo como un tomate. Se acaba de ir, y ahora Harry y yo estamos caminando hacia mi casa porque su hermana lo recoje en el mismo sitio donde lo dejó hace unas horas.

 

-Ha estado bien ¿eh?-le digo.

-Sí, sobretodo cuando le has dado a una de las bolas y ha saltado de la mesa de billar.

-Sí.-digo riendo.-Por poco le doy a la mujer que estaba sentada en una mesa del frente.

 

Él también rie y nos miramos a los ojos, pero apartamos la vista enseguida. ¿Por qué siempre hacemos eso? 1. A mi me da vergüenza. 2. Harry no tiene por qué malgastar su perfecta mirada en mí. Pregunta resuelta.

Llegamos a mi calle y Harry observa que su hermana aún no ha llegado, por lo que decidimos esperar fuera, sentados en el bordillo. No me he opuesto porque no quiero ser antipática, pero puede que mi estúpido vecino nos haya visto y salga en cualquier momento a molestar. Sería el momento perfecto para él.

 

-Oye Harry...

-¿Sí?

-Me lo he pasado muy bien esta tarde.

-Y yo.

 

Me quedo unos segundos callada y le digo:

 

-Gracias.

-¿Qué?-me responde extrañado.

-Gracias a ti, a George, a Gio, a Spencer...y a todos los demás.

-¿Por qué? ¿Qué hemos hecho?

-Ser mis amigos.-digo mirando la carretera.-Cuando me mudé estaba echa polvo, aunque no se notara. La primera semana antes de empezar las clases siempre estaba de mal humor y peleándome con mi hermano. Pensaba que no iba a encontrar a nadie aquí.

-Pero si tú eres muy simpática, ¿Cómo no ibas a encontrar?

-Eso no siempre es suficiente. En Liverpool yo siempre he sido simpática con la gente, pero creo que mis amigas, si se las puede llamar así, sólo estaban conmigo porque...por lo que tenía. Siempre venían a mi casa y nos divertíamos en la piscina o jugando a cualquier deporte. Pero yo ignoraba todo eso ¿sabes? Sabía que si les decía que sólo estaban conmigo por interés, dejarían de hablarme.

-Selene, sabes que nosotros nunca haríamos eso ¿no?

-Lo sé. Y aunque sólo hayan pasado dos semanas desde que os conozco siento como si os conociera de toda la vida.

 

Me sonríe y me frota el hombro. En ese momento, el mismo coche en el que vino antes Harry, aparece y se para al final de la calle. Harry se asoma a la carretera y le hace un gesto para indicar que va enseguida.

 

-Bueno, me tengo que ir Selene.-me dice mientras me levanto del bordillo.

-Pues...ya nos vemos el Lunes.-digo sonriendo.

-Sí. Haz los ejercicios de matemáticas ¿eh?

-Lo intentaré.

-Adiós.

-Adiós.-le digo.

 

Y sin querer y sin pensarlo, le doy un beso en la mejilla. Él me responde con una extraña sonrisa mientras posa su mano en el sitio donde le he besado. Se vuelve a despedir de mí agitando la mano y se da la vuelta.

¿Cómo he sido capaz de atreverme a hacer eso?

Me asomo a la carretera y veo como se sube al coche y seguidamente, el coche vuelve a ponerse en marcha y desaparece. Me doy la vuelta y me siento otra vez en el bordillo. Suspiro y me retiro el pelo de la cara mirando al frente. Pienso en Harry, en su sonrisa y sus ojos. Me he quedado con ganas de estar más tiempo con él esta tarde. En realidad no era una tarde de salir, si no para hacer el trabajo, pero hoy es sábado. Me encanta la palabra sábado, nunca lo había pensado.

Miro al suelo y veo un tapón rojo. Lo cojo y observo que es de un botellín de coca-cola. ¿Por qué la gente es tan guarra? No cuesta nada arrojarlo a una papelera. Me levanto con el tapón en una mano y la botella de agua en la otra, la cual no me he terminado de beber, y me acerco al contenedor del frente. Al mismo donde me encontré con Kathy, la madre de Jones.

Vuelvo a mi calle y mientras me saco las llaves, veo a alguien caminando a mi izquierda, aproximándose a donde yo estoy. Sé quién es, y si retrocediera en el tiempo como Marty McFly habría huido a mi casa enseguida. Pero ahora no, ahora prefiero esperarlo.

 

-Hola de nuevo.-me saluda.

-Hola.

-No te quejarás ¿no?

-¿De qué?

-No te he dado el follón en toda la tarde.

-Oh sí, es verdad.-digo poniéndome la mano en el pecho.-No sé cómo agradecértelo.

-Yo sí sé una manera.-contesta pícaro.

-¡No empieces, Danny!

-¡Yo no empiezo nada, es tu mente sucia!

-Sí...mi mente sucia...

 

Se ríe y nos quedamos callados.

 

-Bueno, me voy.-digo.

-¡No! No te vayas todavía.

-¿Por qué?

-Te tengo que contar lo que he hecho esta tarde.

-¿Desde cuándo me cuentas tú lo que haces?

-Desde nunca, pero es que esta tarde me apetece contártela.

 

Bebo un poco de agua de mi botellín y digo:

 

-Venga va.

-Me he follado a Ruth dos veces.

-¿Sí? Pues a ver si mañana batís vuestro record de folladas en un día y conseguís tres.-le contesto volviéndome hacia mi casa.

-¿Por qué te vas?

-Porque no quiero que me cuentes tu vida sexual.-digo abriendo con llave.

-Es que quería darte celos.

-Pues no lo has conseguido.

 

Y tras esa frase, entro y cierro la puerta. ¿He sido tan ingenua de creerme que iba a ser simpático conmigo? Sí, lo he sido. Y soy gilipollas.

Arrugo la nariz cuando dejo las llaves en el mueble de la entrada porque distingo un cierto olor a quemado.

 

-¡Jake! ¿Qué haces? ¿Por qué se huele a quemado?

 

Voy hacia la cocina, que es de donde proviene el olor y lo veo frente a la sartén, intentando quitar con una espátula la tortilla pegada.

 

-¿Me ayudas?.-me pregunta girando la cabeza.

-Trae.

 

Quito la tortilla lo mejor que puedo y después dejo la sartén en el fregador.

 

-¿Por qué te has puesto a cocinar?

-No sé. Siempre lo haces tú todo. A veces incluso me recoges el cuarto, quería ayudar.

-¡¿Estás enfermo, Jake?!-digo poniendo mi mano en su frente.

-¡Quita imbécil!-dice apartando mi mano.

 

Río y le digo:

 

-Bueno, voy a cambiarme y ahora hago yo otra tortilla.

-No no, lo voy a intentar otra vez.

-¿Y si no te sale?

-Pues otra vez.

-Claro, y tú te crees que los huevos caen del cielo. Sólo quedan tres.-Le informo cuando abro el frigorífico.-Así que más te vale hacerla perfecta.

 

Salgo de la cocina y voy a mi habitación. Mañana tendré que hacer los ejercicios de matemáticas. Puaj. Creo que son de derivadas. No las entiendo, no me gustan, no tienen sentido. Cojo mi pijama de invierno y me lo pongo lo más rápida que puedo para no notar el cambio de temperatura. Me pongo mis calcetines de rayas de colores y cojo la ropa sucia para llevarla al cuarto de la lavadora.

Mi hermano no suele comportarse así conmigo. A menos que quiera pedirme algo o que le haya pasado algo fantástico. Ah, ya sé. Ha follado. Seguro. Joder, si fue ayer cuando me dijo que había dejado a Kate y parece que ha pasado una eternidad. No, no puede ser que haya follado. Supongo que puede aguantar dos días sin hacerlo. ¿Qué le pasa entonces? ¿Está contento así porque sí?

Cuando meto la ropa en la lavadora, vuelvo a la cocina y allí está él, haciendo la tortilla con el máximo cuidado posible. Sonrío mientras pongo la mesa. Jake es tonto, pero intenta no serlo tanto.

 

-A ver...-digo asomándome para ver la sartén.-Eso ya está Jake.

 

Me hace caso y la pone en un plato grande.

 

-La has hecho gigante.

-Mejor, si sobra será nuestra comida de mañana.

 

Sonrío y nos sentamos. Mientras comemos no hablamos demasiado, sólo estupideces. Hasta que yo le interrumpo y le digo:

 

-Oye, ahora estás de buen humor y no quiero que se te quite, pero me tienes que contar que pasó con Kate. No me creo eso de que te has cansado de ella. Tú no eres así, y lo sabes.

 

Se queda unos segundos callado hasta que me responde:

 

-Selene, en serio, no pasó nada. La dejé y ya. Fin.

-Es que no tiene sentido. Has estado demasiado tiempo pegado a ella, comiendo de su mano, aún sabiendo que ella y yo no nos llevábamos bien. Y ahora de repente, se te ocurre dejarla.

-¿Quieres decir que soy un pringado y que si esa relación se acababa, fuera como fuese, tendría que ser ella la que la terminara?

-Pues, a ver, no eres un pringado, pero sí.

-Fui yo quien ha acabado la relación. Yo, no ella.

-¿Y no me vas a decir por qué?

-No, ¿Qué más te da? Eso es irrelevante. ¿Acaso me cuentas tú esas cosas? ¿Me has contado alguna vez en tu vida quien te gusta o a quien te has tirado? No. Además, estoy bien ¿vale? ¿no me ves? Deja ya el puñetero tema.

-Si me preguntaras te lo diría. Pero la cosa es distinta. Tú no te interesas por mi vida.

 

Mi hermano no contesta porque sabe que llevo razón. Nunca en su vida me ha preguntado por mis problemas o sentimientos. Supongo que piensa que de eso se encargan las madres, pero cuando ellas fallan, no viene mal ayuda de un hermano o hermana.

No ha sobrado nada de tortilla al final. La verdad es que le ha salido buena al cabrón. Pero ahora no voy a hacerle halagos, estoy enfadada con él.

"Losing you" de Busted suena a todo volumen en mis auriculares. ¿Estoy perdiendo a mi hermano? Intentaré hacer todo lo posible para que la respuesta no sea afirmativa. Pero él también tiene que poner algo de su parte.

El movimiento de mi puerta abriéndose hace que gire la cabeza asustada.

 

-¿No sabes llamar?-le digo a Jake quitándome el auricular derecho.

-Lo he hecho, pero como estás en tu mundo no me has oído.

-Lo siento, ¿Qué pasa?

-Venía a pedirte que me perdonaras.

-Jake...si no hace falta.-digo sin poder resistirme a poner una tierna sonrisa.

-¿Me das un abrazo?-pregunta con la voz quebrada.

 

Me asusto demasiado y me levanto rápidamente de la cama, tirando el Mp3 al suelo sin querer.

 

-¿Qué te pasa?

-Sólo dame un abrazo, por favor.

 

Le obedezco y lo abrazo con fuerza, con toda la fuerza que puedo. Siento sus brazos rodeándome y sus cálidas manos apretando mi espalda. No va a contarme nada de lo que le ocurre, pero está claro que tiene que ver con Kate. Está mal, lo sé y él también, pero no quiere que los demás se den cuenta.

 

 

 

 

 

 

PD: Perdón por la tardanza, he sido demasiado vaga para escribir T_T

PD2: Que sepáis que no voy a dejar el Fic, que si tardo es por alguna razón, pero que bajo ningún concepto lo voy a dejar a medias.

PD3: Os doy un consejo: Si alguna de vosotras, está/va a/se está pensando escribir un Fic, ESCRIBIDLO ENTERO PRIMERO o hasta la mitad y cuando lo terminéis, id subiendo dos por semana o así. En serio, hacerme caso porque esto es un agobio xD

PD4: GRACIAS POR LEER :)

 

Veintitrés

Me levanto lentamente sin que se note mi cara de enfado y me dirijo a la entrada mientras Harry sigue practicando la cancioncilla. Aclaro mi voz y abro la puerta con una sonrisa forzada.

 

-Qué.-le digo.

-¿Qué de qué?

-Que qué quieres.

-Yo no quiero nada.-me responde.

-Vale, pues entonces adiós.-digo cerrándole la puerta en las narices.

 

Me doy la vuelta para volver al salón pero el timbre suena de nuevo y repetidamente. No puedo ignorarlo porque sé que estará así toda la tarde si no le dejo pasar. Repito lo de antes y de nuevo me lo encuentro tras la puerta.

 

-¿Qué ha sido eso?-pregunta.

-Nada.

-Estás sosa esta tarde ¿eh?.-dice subiendo la escalerita.-Esta mañana no estabas así.

 

En ese momento me doy cuenta de que ya no escucho las notas picadas en el piano y me encuentro a Harry detrás de mí.

 

-¡Eh, Danny!-le dice.

-¡Hostia tío! ¡No sabía que estabas aquí!.-miente Danny.

 

Empiezo a respirar con fuerza cuando Jones hace que me aparte para pasar. Quiero que se vaya. Que se vaya ya.

 

-¿Y qué estáis haciendo los dos juntos?

-El trabajo de filosofía, pero ya lo hemos terminado.-responde Harry.

-Ah...entonces ya no molesto, ¿verdad Selene?

 

Me dan ganas de responderle con un insulto, pero me contengo porque Harry me mira en ese momento y le respondo sonriendo de nuevo falsamente:

 

-No, claro que no.

 

Dirijo mi mirada al suelo y veo a Zukie a mis pies. Como la mayoría de las veces, no puedo resistirme a cogerlo.

 

-Bueno eh...voy a recoger todo y...-digo a medias.

 

De repente el gato suelta un bufido enseñando los colmillos mirando a Danny fijamente.

 

-Oh dios...creo que tu gato no me adora tanto como tú crees, Selene.-me dice Harry.

-Sí, si te adora. Es a Danny al que se lo ha hecho.

-¿Pero qué dices?-responde Jones.-Eso es que tu gato está mal de la cabeza.

-Está perfectamente.

-¿Por qué me hace eso si no?

-Porque te odia.

 

Jones enarca una ceja y me alejo hacia el salón para recoger el trabajo y todos los apuntes. Me estoy riendo por dentro al ver la cara que ha puesto cuando he soltado esa última frase. Oigo a Harry riéndose de él. Vuelvo con todo en la mano y me doy cuenta de que aún siguen donde los he dejado antes. Voy deprisa a mi habitación y dejo el trabajo y la libreta encima del escritorio. Abro el estuche para guardar los bolígrafos y me doy cuenta de un lápiz en particular que hay en su interior. Es el que Harry me prestó en clase de psicología el viernes pasado. Tengo que devolvérselo, pero lo haré el lunes. Así podremos sacar un tema de conversación. Aunque no sé cual, que es de rayas negras y amarillas y la punta de color roja. Vale sí, no se ya ni lo que estoy pensando. La cuestión es que tengo a dos chicos en mi casa: uno al que mi corazón no puede resistir a latir con más fuerza cuando le ve y otro al que odio en infinitas ocasiones. ¿Qué hago?

Salgo de la habitación e investigo dónde se encuentran. Ahora están en el salón, Harry está sentado en el sofá y Danny de pie observando los objetos de alrededor como de costumbre.

 

-Oh, ya estás aquí.-dice Jones.

-Sí, ya estoy aquí.-le respondo ocupando el sitio libre al lado de Harry.

 

Jones fija su mirada en mis ojos y esboza una pequeña sonrisa de la que sólo yo me doy cuenta.

 

-Bueno y...¿vas a hacer algo ahora o...?-me pregunta Harry distrayéndome del chico con el pelo aplastado.

-Pues eh...no tenía nada pensado.-digo tocándome el pelo.-¿Y vosotros?

 

El sonido de teclas tocadas aleatoriamente y sin ningún ritmo comienza a ser escuchado por nosotros y hace que aparte la vista de los ojazos de la persona sentada a mi derecha.

 

-¡Danny!-grito levantándome.

 

Me ignora y sigue tocando. Me acerco a él y le aparto las manos del piano haciendo que el ruido cese.

 

-Eh, joder. Estaba creando música.-me dice.

-No, Jones no. Estabas haciendo el gilipollas.-le digo todavía agarrándole la mano.-¿Es que no puedes estar ni cinco minutos quieto? ¿En serio tienes diecisiete años?

-No, no puedo. Y sí, tengo diecisiete años.

-¿Por qué lo haces, Danny? Sólo quieres llamar la atención ¿verdad?

-Claro que sí. Quiero que sólo me prestes atención a mí.

-No vuelvas a hacer ninguna tontería. ¿Está claro?

 

Lo miro a los ojos enfurecida y me alejo de él hasta el lugar en el que antes estaba. Harry no se ha enterado de nada, pues Zukie quiere volver a ser acariciado por él.

 

-Eh...¿por dónde íbamos?-le pregunto.

 

Danny suelta una gran carcajada cuando pregunto eso y lo miro.

 

-Qué pasa ahora.-digo.

-Nada.-contesta lanzándose al sillón.

-¿Y por qué te has reído?

-Porque me haces gracia.

-¿Yo?

-Sí.

 

Suspiro y abro la boca para decir algo más, pero Harry interrumpe:

 

-¿Siempre estáis así?

-Siempre.-contesto.

-No.-dice Danny.

-¿Cómo que no?

-No siempre estamos así. Esta mañana no estábamos así.

-¿Habéis pasado la mañana juntos?-pregunta Harry.

-Es que...-digo.

-Qué va Harry. ¿Cómo voy a pasar yo la mañana con la pesada esta? Era broma.

 

Me quedo callada unos segundos ante lo que acabo de oír.

 

-Bueno, os dejo.

-¿Ya te vas?-pregunta Harry.

-Sí, he quedado con Ruth. En realidad, he venido para hacer tiempo.

 

Harry ríe y me dice:

 

-¿Has visto alguna vez a un tío como él?

-No, nunca.

 

Danny sonríe y se dirige a la entrada. Justo cuando va a cerrar la puerta suelta:

 

-¡Que os lo paséis bien!

 

Eso hace que me sonroje, y mucho. Sé perfectamente lo que significa esa frase. Al menos, si sale de su boca. Quizá Harry se tiene que ir de un momento a otro o a lo mejor le apetece quedarse a pasar el rato. Pero sólo a eso, a pasar la tarde. Entonces se irá y yo pensaré en él. Me quedaré con las ganas de haber hecho algo y me arrepentiré. Pero sé que es lo correcto. No quiero que huya de mí a las dos semanas de conocerle. Eso es lo último que querría que pasara. Aunque quién sabe, puede que quede poco para que meta la pata. Siempre me pasa. Mi suerte es más bien pésima.

 

-¿Todavía siguen enrollados Danny y Ruth?

-Sí.

-Yo creía que no.

-Llevan desde mucho antes de que dejara a Hannah.

-¿En serio?

-En serio.

 

Me siento idiota porque al sacar el tema de conversación me he dado cuenta de que es sobre Jones. Danny, Danny, Danny, Danny. Déjame ya en paz, por favor.

 

-Una vez  casi los pilla. Estaban en el baño de chicas del instituto enrollándose y Hannah entró. Danny se subió al váter y Ruth salió y distrajo a Hannah hasta que se fueron.-cuenta sonriendo.-Aunque no te lo creas, Danny estaba acojonado.

 

Río y me imagino la escena de cómo pasó, pero enseguida le digo:

 

-Bueno, dejemos a Jones en paz. Hablemos de otra cosa.

-¿Por qué le llamas Jones?

-¿Otra vez, Harry?

 

Ríe y me mira a los ojos con una sonrisa de oreja a oreja.

 

-Venga, ¿de qué quieres que hablemos, Juice?

-¿Juice? ¡Ya ni me acordaba de eso!

-Tampoco hace tanto tiempo que te puse ese mote.-dice rascándose la nuca.-Además, como hemos estado unos días sin hablar, no he podido usarlo.

-Ah...claro.

-¿Te acuerdas cuando gritaste eso de ‘¡Amo a George Carter!'-dice imitando mi voz.

-Sí...es verdad.

-¿Por qué lo hiciste? ¿Lo amas de verdad?

-¿Qué? ¡No, no! Lo hice...no lo sé. O sea...no es que le odie...es muy simpático y a ver, es buen chico y tal, pero no...

-Vamos, que no te gusta.

-De momento no.

 

Maldigo esa frase. La maldigo como nadie ha maldecido jamás una respuesta inapropiada. ‘¿De momento no?' ¡Pero qué dices! ¡No! Tengo muy claro que no voy a sentir nada por George, no. ¿Por qué he tenido que decir eso? Es más, ¿por qué mierda siempre me habla de George?

Harry se pone a hacer un ritmo con las manos sobre sus muslos y lo observo.

 

-Eh, ¿te acuerdas que te dije que mi hermano toca la batería?-le pregunto.

-Sí, me acuerdo.

-¿Quieres subir y verla?

-Ah, por mi perfecto.

 

Me levanto y él me sigue. Preferiría que fuera al revés, así vería su perfecto culo. Me estoy empezando a obsesionar con esa parte del cuerpo suya. ¿Estará mirándome él ahora algo?

Giro rápidamente la cabeza y mi corazón late con fuerza cuando veo a Harry como sube la cabeza hacia arriba en un acto reflejo y yo hago como si observara algo de atrás. Sonrío y me muerdo el labio cuando vuelvo a mi posición anterior. Llegamos a la habitación y lo invito a pasar.

 

-Te presento a la batería de Jake.

-Eh...cómo mola.

 

Me muero por volver a ver a Harry tocar la batería, volver a ver esa cara que pone al hacerlo, volver a verlo disfrutar. Así que le digo:

 

-Puedes tocarla si quieres.

-¿Eh?.-dice distraído.-Ah...no no, gracias. Creo que a tu hermano no le haría mucha gracia. A mí no me sentaría bien que alguien se pusiera a tocar mi batería. Me parece que a ningún batería en el mundo le gustaría que un desconocido hiciera eso.

-Ah...

-Si quieres puedo coger un par de baquetas y toco algo sobre la mesa.

 

Río y le digo sin parecer muy entusiasmada:

 

-En esa estantería hay unas muy usadas.

-Lo decía de coña, pero si te hace ilusión.

 

Abro la boca impresionada por cómo me acaba de dejar mal y le doy un pequeño puñetazo en el brazo sonriendo.

 

-Pues nada, no lo hagas. Corre, ya te puedes ir.-digo intentando no sonreír.

-No no, ahora lo voy a hacer.

 

Río ante la ‘discusión' tan tonta que hemos tenido y lo observo. Coge las baquetas de la estantería y comienza a tocar sobre el escritorio. Que mono. Hasta tocando sobre una mesa lo hace bien. O a lo mejor soy yo, que lo veo todo perfecto en él. En Harry Judd.

 

-Ala, ya está. ¿Te ha gustado?

-Claro, mucho.

-Me he ido inventando el ritmo mientras tocaba, si te digo la verdad.

-Fuiste tú el que dijo que las melodías improvisadas eran las que mejor sonaban.

 

Me sonríe y lanza las baquetas a la cama. Salimos de la habitación, bueno más bien sale él y luego yo detrás. Bajamos las escaleras y se acerca a la entrada apoyando la mano en el pomo para abrir. Ya se va. Jo. Abre y sale. ¿Pe-pero que hace? ¿Se va así? ¿Sin más? ¿No se piensa despedir o qué? En ese momento lo veo girar la cabeza con cara de extrañado y me dice:

 

-¿Qué haces?

-¿Qué?.-le respondo.

-Qué...¿por qué no te mueves? ¿Por qué no sales?

-¡Ah!-digo sorprendida y avergonzada por lo retrasada que parezco.-¡Creía que te ibas!

 

Ríe y cojo del mueble de la entrada mis llaves. Cierro la puerta y me aproximo a él. Lo bueno es que ahora no nos encontraremos a Danny. Mejor, que se quede con Ruth que están muy bien los dos juntos.

 

-¿Por qué creías que me iba?-pregunta cuando empezamos a caminar.

-No lo sé.-digo.-Pensé que te aburrías y querías irte ya.

-Qué va, si no tengo nada que hacer, la verdad.

-Ah....-digo por la incomodidad de la respuesta.

-O sea, no digo que estar contigo sea mi última opción. Lo siento, me explico mal.

 

Le sonrío y le digo:

 

-No pasa nada.

 

Seguimos andando hasta terminar toda la calle ocupada por casas como la mía.

 

-¿A dónde te apetece ir, Juice?-me pregunta.

-Me da igual, aún no me conozco demasiado Londres.

-¿Sabes? Algún día tenemos que ir al campo de golf.

-¿Qué dices?

-Pues eso. Yo soy un profesional jugando ¿no lo sabías?

-Sí claro, y yo soy Avril Lavigne.

-¿No me crees?-dice llevándose las manos a la cabeza.-Te lo demostraré algún día. Tú acuérdate de estas palabras.

 

En ese momento, el móvil de Harry comienza a sonar. Lo saca de su bolsillo del pantalón y observa la pantalla, suelta una risa cuando ve quién es y contesta.

 

-Dime pesado. Sí...,vale.-habla mirando al suelo.-Sí. Por lo del trabajo. Lo que tú quieras. De acuerdo, hasta ahora.

 

Siempre me siento incómoda cuando voy con alguien y a esa persona le suena el móvil. Está hablando, pero no es contigo. Y te quedas como...bueno, acaba ya ¿no? La cosa es que a mí nunca me suena, siempre es a la persona con la que voy.

 

-Era George.-dice guardando el móvil con facilidad.-¿Te importa que venga con nosotros?

-Ah no, no me importa.

-Es que me ha dicho que ha llamado a Liam, pero que había quedado ya con Norah. John ha ido a visitar a un familiar o no sé qué cosa.

-¿Es un rollo verdad?

-¿El qué?

-Pues, cuando tus amigos tienen novia. A veces te tienes que quedar en casa porque ellas están con ellos. Y claro, tú no puedes ir porque no pintas nada.

-Sí, es verdad. Por eso cuando queremos quedar procuramos ir en grupo.-cuenta.-Y ahora creo que iremos más veces porque tal y como va la cosa con John y Spencer...

-Y con Giovanna y Tom.

-Sí, solo falta George...

-Y tú y yo.-digo interrumpiéndole.

 

Siento calor por todo mi cuerpo de repente. Cuando digo algo fuera de lo normal en mí o atrevido me pasa a menudo. Oh dios, qué vergüenza. He odiado toda mi vida ser vergonzosa con los chicos y lo seguiré odiando toda mi vida. La verdad es que no es bueno, puede jugarte una mala pasada y dejar pasar a alguien que realmente merece la pena.

 

-Sí...-contesta.

-Por cierto, ¿Dónde nos encontraremos con George?-le pregunto para cambiar de tema lo más rápido posible.

-¡Ah! Es por ahí, por poco nos saltamos la calle.

 

Giramos y dice:

 

-Mira, ¿ves la farmacia del final de la calle?-me pregunta.

-Eh...sí, eso creo.

-Es esa que tiene el cartel verde.

-Ah sí, ya la veo.

-Ahí hemos quedado. Tiene que estar ya allí.

-¿Ya? ¡Pero si te ha llamado hace menos de cinco minutos!

-No, si es que no estaba en su casa. A veces ayuda a su madre en el trabajo, sobre todo los fines de semana.

-Ah...

-La farmacia es suya. La chica que hay en el mostrador es su madre.

-Anda, no lo sabía. Ya sé donde me harán descuento en medicamentos.

 

Harry ríe y conforme avanzamos puedo ver a George sentado en el bordillo de la acera, con los brazos rodeando sus rodillas. Nos mira cuando estamos lo suficientemente cerca para que nos pueda reconocer y me sonríe. Se levanta antes de que lleguemos y se sacude los pantalones por si se ha manchado. Casi siempre va con ropa deportiva, no sé por qué. Y hoy se me hace raro verlo con vaqueros.

 

-¡Hola!-nos saluda.

-Buenas.-contesta Harry.

-Hola.-digo yo.-No sabía que esta farmacia era de tu familia.

-Bueno...no he tenido ocasión de contártelo.

-Selene ha dicho que vendrá para que le hagas descuentos.-dice Harry.

-¿Descuentos?-pregunta George.-Mi madre no hace descuentos. A menos que seas familiar, mejor amigo...eh...pareja...-dice sonriendo.

-Ah...-digo esbozando yo una también.

 

Caminamos sin rumbo fijo abriéndonos paso con dificultad entre tanta gente y llegamos a una calle que no había visto aún. Está llena de tiendas de golosinas y juguetes. También hay algunos bares pequeños para tomar un café y bancos para sentarte y leer el periódico una mañana cualquiera. Hoy hace sol, lo que es raro, porque esta mañana no hacía muy buen día que digamos. Así que George propone que nos quedemos en uno de los bancos llenos de luz gracias al sol mientras Harry va a comprar algo de comer en la tienda del frente.

 

-Entonces...¿ya habéis acabado con el trabajo?-me pregunta.

-Sí, en dos días.

-¿Por qué? Si todavía queda hasta el viernes.

-Pues porque nosotros no somos como tú.

-¿Te refieres a ser vagos? Porque Harry lo es un rato.

-No, me refiero a dejar las cosas para última hora.

-Ah...

-¿Piensas quedar con Hannah?

-Hombre...tendremos que quedar, porque si no dime a ver como lo hacemos.

-Pues eso.-le contesto.-Ya la estás llamando.

-¿Ahora?

-Sí, ¿es que te da vergüenza?

-No.

-¡Pues venga! ¿A qué esperas?-digo sacándole el móvil del bolsillo de su chaqueta azul oscura.

 

Lo desbloqueo y me voy a la agenda. Le doy a la letra H y busco el nombre de su compañera de trabajo.

 

-Para, no pienso llamarla ahora.

-¡Venga hombre! ¡Que no te va a pasar nada!-digo dándole al botón de llamar.

 

Harry llega justo en ese momento y lo miro sonriendo ampliamente y haciéndole un gesto para que no hable cuando le pego el móvil en la oreja a George. Lleva una bolsa de golosinas variadas en la mano y en la otra un Redbull. Se sienta a mi lado, por lo que me quedo yo en medio de los dos.

 

-¿Hannah?-dice George.-Hola. ¿Qué haces?

 

Le doy un pequeño codazo para que vaya al grano y se deje de estupideces.

 

-Eh...sí, era para preguntarte que cuando te viene bien que quedemos. Sí, para lo de filosofía. ¿Mañana? Ah, vale. Entonces el lunes. Vale, adiós.

 

Agarra él mismo el móvil rozando mi mano y le da a colgar.

 

-Ya está, ¿contenta?

-Joder, encima de que lo hago por tu bien.

-Será por el bien de que apruebe ¿no?-pregunta.

-Sí, y también porque Hannah es muy guapa. Quién sabe, puede que surja el amor.

-Tranquila que no surgirá.-dice riendo.

-¿Por qué no? Aprovecha que está triste porque Danny la dejó. La consuelas y seguro que cae.

-Dios mío George, no puedes rechazar esa oportunidad.-dice Harry.

-Bueno...quizá. Ya veremos qué pasa.

 

Le sonrío y una brisa hace que el pelo me tape toda la cara y se me metan algunos en la boca. George se ríe mientras escupo algunos.

 

-¿Qué hacéis?-pregunta Harry.

-Tú calla y dame una coca-cola de esas de gominola.-le dice George.

-Ni lo sueñes, las he pagado yo.

-Venga tío, no seas así.

 

Justo cuando dice eso introduzco la mano en la bolsita y cojo un osito de color verde que me meto en la boca al instante, intentando que George no se dé cuenta, pero soy muy mala para disimular.

 

-¿Pero esto qué es? ¡A la chica esta de Liverpool que ni conocemos le das y a mí que me conoces desde hace tres años no!

 

Harry suelta una gran carcajada y le lanza la bolsa de chuches con tan buena puntería que cae en las piernas del pesado de George. Sonríe y empieza a comer algunas como un niño pequeño.

 

A veces todo sucede de la misma forma. Tenemos envidia de las personas y desconfiamos de ellas. Si una persona hace algo que te gusta y no es contigo, si no con una persona de menos confianza, nos enfadamos. Si tu hermano consigue el trozo más grande de pastel, nos enfadamos. Si alguien se echa una novia más guapa que tú, aún sin atraerte ese chico, algo nos despierta el interés por él y nos morimos de envidia. Espero que eso no me pase con George.

 

 

 

 

 

 

PD: ¡EEH! ¡Que no he muerto! Era solo vagueza y falta de tiempo. Lo siento xD

Veintidós

Su pelo me hace gracia. Cada mechón está tan tieso que creo que están todos en el mismo lugar desde la primera vez que lo vi. No sé si vendrá esta tarde, pero no quiero que lo haga. No, porque quiero estar con Harry. Él y yo. Esta tarde. Aunque preferiría estar con él toda mi vida. No sé hasta qué punto llegaré sobre mis sentimientos hacia él, porque nunca había sentido esto tan fuerte. Cuando lo veo sólo quiero mirarle a los ojos y abrazarle lo más fuerte posible. Pero no lo haré, ni debo hacerlo. Porque todo sería diferente. Porque él me miraría de una forma muy diferente a la que yo lo hago.

 

-Ha estado bien.-me dice Jones cuando sale de mi casa.

-¿Qué ha estado bien?-pregunto con la mano apoyada en el pomo de la puerta.

-La mañana.

-Ah...sí.

-Y lo mejor ha sido que ya se ha aclarado todo.-dice con las manos en los bolsillos.

-¿A qué te refieres?

-Que ya tengo claro que te mueres por mí.

-Imbécil.-digo cerrando.

 

Me apoyo en la puerta y oigo como su risa se oye en todo el barrio. Yo también rio de lo estúpida que ha sido esta mañana. No ha tenido sentido. Casi ni siquiera me he enterado de que estaba realmente con él. Quién me iba a decir eso a mí, que iba a estar en el mismo espacio cerrado que él. Es tan inútil. ¿A dónde irá ahora?

Tengo que hacer los deberes de matemáticas pero no tengo ninguna gana, más que nada porque no tengo ni puñetera idea de cómo se hacen. Son para el Lunes, pero todavía queda el Domingo.

Siento unas ganas inmensas del tocar el piano ahora mismo. Así que voy al salón y cierro la puerta para que no me moleste ni el más mínimo ruido. Ni siquiera Zukie, que por cierto, ha estado toda la mañana en el piso de arriba. Creo que tiene miedo de Jones. Lo comprendo perfectamente.

Una hora exacta trascurre mientras intento mejorar algunas de mis partituras. Jake ha llegado y ha abierto la puerta del salón bruscamente haciendo que pegue un bote del susto.

 

-¿Qué haces que no estás haciendo la comida?-me pregunta de mala manera.

-Primero: hola. Segundo: ya está hecha. Tercero: vete a la mierda y déjame en paz.

 

No me contesta y sale del salón murmurando palabras que no llego a escuchar. Muchas han sido las veces que se ha dirigido a mí así. Muchas. Ya lo conozco y lo mejor es ignorarlo. ¿Qué no me quiere contar sus problemas? Pues que le den.

Dejo de tocar porque mi hermano me ha desconcentrado y cuando eso pasa, no suelo estar ni cinco minutos más frente al piano. Espero no verlo esta tarde por aquí, porque es capaz de armarla mientras Harry esté y me haría quedar en evidencia delante de él. No quiero que se lleve una mala impresión de mi familia ni de la casa. Sé que no conseguiré mejor impresión que la que me causó él ayer, pero por lo menos lo voy a intentar.

Estoy tan nerviosa. Voy a gastar el reloj de tanto mirarlo. Mientras recojo y limpio mi habitación con la puerta abierta, oigo como mi hermano se dirige hacia aquí.

 

-Me voy.-dice.-No creo que venga a cenar.

-Ah...vale.-digo girándome.

-Los espaguetis estaban ricos.

 

Le sonrío y le digo:

 

-No los he hecho yo.

-¿Quién entonces?

-El vecino.-le respondo quitándole el polvo a una foto antigua.

 

Es de hace unos cuantos años. En ella se ve a dos niños. Uno de ellos soy yo con un año de edad. Sujeto un sonajero con la mano derecha y con la otra el chupete. A mi lado se encuentra Jake, con el pelo revuelto y cara de sorpresa tras descubrir lo que se ocultaba en uno de los muchos regalos que había en el árbol de Navidad. Tenía cinco años y en aquella época nada era como ahora.

 

-¿Qué vecino? ¿Danny?

-Sí.

 

Se calla unos segundos y dice:

 

-¿Me vas a responder a una pregunta?

-Dispara.

-¿Estáis saliendo, de rollo, o...?

-No, nada de eso. Somos amigos. Y no me lo vuelvas a preguntar más.

-¿Seguro?

-Jake...

-Vale, vale...Hasta la noche.

-Pásalo bien.

 

Todo está en orden para cuando Harry venga. Ahora sólo queda esperar. Miro el reloj para ver cuántos minutos quedan de tortura y... ¿qué coño esperar? ¡Ya son las cinco! Voy al baño y me miro en el espejo. Me he pintado los ojos con lápiz negro y el pelo...bueno, el pelo está pasable. No puedo pedirle más.

Voy al piso de arriba y entro en la habitación de Jake cuya ventana da a la carretera. Así lo podré ver cuando llegue y no será tan descarado como mirar por el ventanal del salón. Observo las cosas de la habitación de mi hermano. ¿De qué color será el suelo? Hay hasta revistas y bolas de papel tiradas por ahí. Pero eso sí, uno de sus pares de baquetas están colocados en su estantería como si fueran un tesoro. Busco con la mirada alguna foto, pero a diferencia de mí, no las hay. Me acerco a su Stereo y lo abro para ver si hay algún CD puesto. "Warning" de Green Day. Está obsesionado con ese grupo desde que tenía trece años. Vuelvo a meter el disco y en ese mismo momento, oigo el sonido de las ruedas de un coche aparcando. Me asomo a la ventana y veo un gran coche gris con los cristales tintados. Pasan unos cinco segundos y la puerta de la izquierda se abre. Tras ella aparece Harry que se asoma por la ventanilla un momento y después viene hacia mi puerta. El coche se va y espero a que el timbre suene. Sonrío cuando lo hace y bajo las escaleras despacio, para que parezca que estoy ocupada. Después de tropezar con Zukie que ha bajado las escaleras conmigo, me aproximo a la puerta con él en brazos y la abro. Ahí está. Tan guapo, impecable y sonriente.

 

-Hola.-me saluda.-¿Es tu gato?

-Sí.-le respondo sonriente.

-Que suave.-dice mientras le rasca la barbilla.

 

A Zukie parece que le gusta porque acto seguido se tira a él y cae, gracias a los reflejos de Harry, en sus brazos.

 

-Que cariñoso. Mi hermana tuvo uno idéntico a este cuando yo era pequeño. Le encantan los persas.

 

Sonrío mientras lo veo acariciándolo y ni siquiera me doy cuenta de que ni le he invitado a entrar.

 

-Bueno Harry, pasa.

-Oh...aquí se está bien.

 

Río y Harry pasa cuando le dejo espacio para que lo haga. Deja a Zukie en el suelo con delicadeza y se frota las manos cuando cierro la puerta. En ese momento el gato empieza a enrollarse  entre sus piernas y Harry suelta una carcajada.

 

-Selene, tu gato me ama.

-Zukie...deja a Harry en paz, anda.-digo con algo de envidia.

 

Nos quedamos unos segundos en silencio hasta que digo:

 

-¿Dónde quieres que lo hagamos?

 

Pero enseguida me pongo roja por el doble sentido de la frase que acabo de soltar y respondo seguidamente:

 

-El trabajo.

 

Harry se da cuenta y me responde sonriendo:

 

-Donde tú quieras, es tu casa.

-Podemos ponernos en el salón, ahí se está más calentito.

 

Hace un gesto de aprobación y le digo que puede esperar en el sofá si quiere. Voy a mi habitación a coger las cosas y me percato de que ni siquiera las he preparado. Saco deprisa el libro que aún está en la mochila y cojo dos bolígrafos azules, dos libretas y las hojas que empezamos a escribir ayer y que yo me llevé. De camino al salón me fijo en la parte que escribió Harry. Me gusta como escribe la letra "y", el rabito lo hace alargado y muy poco curvado. Llego al salón y veo a Harry sentado en el borde del sofá, sin cotillear nada de su alrededor. Sólo mira sus uñas y hace movimientos con el pie. Se percata de que me voy acercando porque se me cae uno de los bolígrafos al suelo y lo recojo con rapidez. Le pido a mi torpeza que no de muchos signos de vida esta tarde. Dejo todos los apuntes en la mesita de café y aparto a Zukie de al lado de Harry, que al parecer lo ha seguido también hasta aquí.

 

-¿Sabes?-dice cogiendo su hoja.- Ayer cuando te fuiste llamé a John.

-¿Sí?

-Sí, se alegró de que lo hiciera porque...bueno, no quería estar más días sin hablar conmigo.

-Me alegro de que lo hayáis arreglado.

-Hemos quedado mañana. Hoy no podía porque iba a salir un rato con...

-Deja que lo adivine.-digo.-¿Con Spencer?

-Sí.-me responde.

 

Harry me sonríe y yo lo hago a medias, incómoda, porque deseo preguntar algo. Porque parece que hemos dejado la conversación a medias. Él examina sus apuntes y yo cojo el libro y lo abro por una página al azar, para parecer que busco algo, cuando en realidad no tengo ni idea de lo que debería hacer o decir ahora mismo.

 

-Yo creo que mi parte ya está terminada.-me dice.-Podemos añadir algo más a la tuya.

-Sí...sólo me ha ocupado dos caras.

 

Harry me explica la última parte del libro que nos leímos, pues es lo que debo añadir. Yo voy copiando frases y palabras que no entiendo mientras habla para luego hacer un resumen. Me siento como si estuviera en clase y él fuera mi profesor. Eso sí, un profesor muy sexy.

Son las 18:15 y Harry está leyendo el resumen que he escrito, que es justo el párrafo con el que el trabajo quedaría totalmente completo.

 

-¿Te apetece algo de comer?-le interrumpo.

-Oh...no, no te molestes.

-Vamos Harry, seguro que quieres comer algo.

 

Me sonríe sin abrir la boca, sólo curvando los labios. Siempre lo hace así y rara vez lo he visto sonreír enseñando los dientes. Me levanto, después de sonreír yo también, y voy a la cocina a ver si encuentro algo que no engorde demasiado. Pero me parece que es imposible. He abierto el armario y lo único que hay son galletas de chocolate, bizcocho de chocolate, batidos de chocolate, una tableta de chocolate y creo que algo más con chocolate. Abro uno de los armarios de la esquina y encuentro una bolsa de palomitas. No es que sea mejor que lo anterior, pero bah...seguro que le gustan. Abro el microondas y las introduzco. Pongo el tiempo correspondiente para que se hagan y me apoyo en la encimera a esperar. Justo en ese momento mi gato aparece y se sube a ella.

 

-¿Qué pasa, Zukie? ¿Ya te has cansado de Harry?

 

Lo cojo y lo miro a los ojos. Es tan mono. Le doy un beso y lo dejo en el suelo. Creo que tiene hambre. Le preparo su cuenco y enseguida se lanza hacia él. El microondas pita y saco las palomitas con cuidado de no quemarme. Recuerdo que una vez, saqué la bolsa y la abrí con la cara justo delante de la abertura para ver si se habían quemado. Y no, no se quemaron. Fue mi cara la que se quemó con el vapor. Después de que mi hermano parara de reírse me indicó la advertencia que ponía en la bolsa: "Cuidado al abrir, ¡el vapor quema!". Reconozco que a veces soy demasiado tonta.

Después de rellenar un bol gigante con las palomitas, regreso al salón y lo coloco al lado de los apuntes.

 

-No tengo galletas como las que hizo ayer tu madre, pero he hecho palomitas ¿te vale?-le pregunto cogiendo un puñado.

-Me vale.-contesta cogiendo unas pocas él también.

 

Nos quedamos unos segundos callados en los que sólo se oye mi estúpido ruido al masticar, hasta que trago y digo:

 

-Bueno, ¿Qué tal? ¿Mi resumen está aceptable?

-¡Ah! Sí, sí. Está muy bien.

 

Sonrío con cara de alivio y me dice:

 

-Si quieres me lo llevo, lo paso a ordenador y lo imprimo.

-No no, lo hago yo si eso.-le respondo.

-Qué más da, si no me cuesta nada.

-Está bien.

 

Tanta amabilidad me está matando de amor.

Sólo son las 18:30 y ya hemos terminado el trabajo. Ya está, ya no vamos a quedar otra tarde. ¿Ya se va a ir? ¡No! Yo no quiero.

 

-¿De dónde sacaste el nombre de tu gato?-me pregunta sin yo esperarlo.

-Eh...pues la verdad es que no me acuerdo. Creo que lo oí de pequeña en algún sitio y desde entonces siempre quise llamar a mi futura mascota así.

 

Sonríe haciendo un gesto de aprobación y mira hacia el bol de las palomitas. Todavía queda la mitad.

 

-Vas a tener que comerte todo eso, porque yo ya no puedo más.

-¿No?-digo.-¿Por qué? Si eso se come enseguida...-digo cogiendo otro puñado.

-No, de verdad. Estoy lleno.-dice levantándose.

 

¿Se va? Se va. No, no, no. Está incómodo, se lo noto. No le han gustado las palomitas, no quiere estar aquí más tiempo.

 

-¿Dónde está el baño?

 

Soy tonta.

 

-Hay uno abajo, al final del pasillo a la derecha.

-Gracias, ahora vuelvo.

 

Dios, por un momento he creído que se iba a marchar ya.

No puedo evitar mirarlo cuando se da la vuelta. Hoy va muy guapo, como siempre. Lleva un jersey a rayas grises y negras y sus vaqueros caídos que tanto me gustan. Cuando vuelva no sé de qué voy a hablar. No tengo ni idea de qué decir para romper el hielo.

Ya no quedan casi palomitas. Me levanto para dejar el cuenco en la cocina pues no quiero dejar esto hecho una guarrería. Me chupo el dedo índice por el camino para saborear los restos de sal que han quedado y cuando dejo el bol en la cocina me limpio las manos con una servilleta. Bebo un vaso de agua y echo otro por si a Harry le ha entrado sed. Justo cuando salgo de la cocina choco con él, con Harry, que al parecer no me ha visto en el salón y venía hacia aquí. Toda el agua ha caído sobre mi camiseta verde. Harry pone un gesto de sorpresa y apoya sus manos en mis hombros.

 

-¡Lo siento, Selene! ¡Ha sido culpa mía!

-No no, no pasa nada. Ha sido mía, tenía que haberte visto llegar.

-No seas boba.-dice haciendo que saque una sonrisa.

-Voy a cambiarme, ahora vuelvo.-digo dejando el vaso en la encimera.

 

Me giro y para dirigirme a mi habitación, pero Harry me sujeta del brazo y me lo impide.

 

-No, no lo hagas. Te queda bien.

 

Sonrío de oreja a oreja y noto como un calor recorre todo mi cuerpo.

 

-Está bien.-le digo.-¿Quieres un poco de agua entonces?

-Vale, ya me la sirvo yo.

 

Asiento y voy al salón con un suspiro. Joder Harry. Joder. Una persona no puede ser tan perfecta como tú.

Al cabo de unos pocos segundos vuelve y se sienta donde antes. He encendido la televisión para ver si surge algo de conversación sobre algo interesante. Tengo algo, tengo una pregunta que hacerle. Una pregunta que lleva rondando mi cabeza desde el día del Minigolf y que no me he atrevido por ningún medio a preguntar. Así, que cojo aire y me dispongo a hacerla. Pero no cuento con que Harry va a decir algo al mismo tiempo que yo.

 

-¡Eh! Me gusta esa serie.

-¿Quién es Emily?

 

Harry me mira con gesto de sorpresa y me responde:

 

-¿Qué?

-¿Qué serie?-le digo.

-No, no me refiero a eso. ¿Qué has dicho?

-¿Yo? Eh...Harry no sé si es correcto que te lo pregunte.-contesto arrepentida por haberlo soltado ya.

-Da igual Selene, tarde o temprano te lo tendría que contar o te habrías acabado enterando por alguien.

-Entonces...¿no te importa responderme?

-No, claro que no.

 

Da un suspiro y comienza a hablar.

 

-Emily es...fue mi novia. Nos conocimos a principios de este año 2004. Yo me enamoré de ella y empezamos a salir. Ella...era genial. Siempre que la veía tenía una sonrisa en la cara. Siempre. Íbamos juntos a todos lados, yo la acompañaba a donde fuera y ella me acompañaba a mí. Durante parte del verano estuvimos juntos también, aún más, porque teníamos más tiempo libre. Pero a mediados de Julio pasó algo. El último día que la vi se despidió de mí con normalidad, diciéndome como todos los días "mañana te veo". Pero al día siguiente yo la esperé donde habíamos quedado y nunca apareció. Yo me asusté, porque creía que le había pasado algo. La llamé varias veces al móvil pero no me contestó a ninguna de las muchas llamadas. Estuve dos horas esperándola.  Pero cuando vi que ya era imposible que apareciera, regrese a mi casa e intenté contactar de nuevo con ella, y nada. También llamé a sus padres, pero obtuve el mismo resultado. Nada, como si hubieran desaparecido de la tierra. Pasaron días y semanas y seguía sin saber de ella. Hasta que, cuando faltaban dos semanas para que el verano terminara, una de las vecinas de Emily me contó que se habían mudado. Que se habían ido a Estados Unidos por el ascenso de su padre. A Estados Unidos. Desde ese día decidí olvidarla. John, George y los demás acordamos no mencionarla, no decir nada sobre ella. Como si Emily nunca hubiera existido. Y así fue hasta el día del Minigolf. Por eso me puse así. Ya me he olvidado de ella, pero...aún así, no quiero volver a verla ni oír su nombre. Porque nunca me dio una explicación, no me llamó, ni me avisó. Y esa es la historia.

 

He escuchado todas y cada una de las palabras que ha ido diciendo. Lo ha hecho serio, mirándome a los ojos alternativamente y gesticulando con las manos, como suele explicar las cosas. Me he quedado alucinada y lo sigo estando. ¿Cómo pudo hacer eso? ¿Cómo? ¡Irse sin avisar! ¡Dejándolo sólo! ¡Se supone que lo quería! Pero no voy a decir nada de eso ahora. No voy a decirle mi opinión sobre ella porque como bien ha dicho él, ya la ha olvidado y eso es parte del pasado. No me gustaría decirle cosas obvias sobre lo que me parece ella cuando él ha sido el que lo ha sufrido y el que sabe lo que es esa chica más que nadie. Así que creo que estaría bien cerrar este tema de conversación diciendo:

 

-Gracias por habérmelo contado.

 

Harry fija sus ojos azules en los míos y suspira mientras sonríe.

 

-He visto el piano que hay ahí.-dice cambiando de tema radicalmente, cosa que entiendo perfectamente.-¿Lo tocas?

-Ah, sí. Mi padre me enseñó cuando tenía nueve años.

-Es muy bonito. Nunca había visto a alguien con uno de color blanco. Siempre los he visto negros.

-Es que los de color negro me parecen tristes, no sé. Además, este ha sido el que he tenido siempre. Estoy tan acostumbrada a él que cuando los veo de otro color me parecen raros.

 

Harry ríe y dice:

 

-¿Y se te da bien?

-Supongo que sí.

-¿Podrías tocar algo?

 

Sonrío y me levanto con una sonrisa. Harry me sigue hasta el final del salón, donde sólo hay un gran hueco para el piano.

 

-No sé que tocar ahora mismo.

-Improvisa algo.-me dice.-Siempre he creído que las melodías improvisadas son las que mejor suenan.

 

Me siento nerviosa y me coloco erguida frente al piano. Paso mi pelo por detrás de mis orejas para evitar que me moleste y poso mis dedos sobre las teclas. Comienzo y la melodía sale sola: http://www.youtube.com/watch?v=FiH2u5cCfkw  En realidad, no es improvisada. Es una que dejé a medias hace muchísimo tiempo y nunca terminé. Cuando paro, miro a Harry y me sonríe, pero esta vez, enseñando su dentadura.

 

-Eh, lo haces muy bien.

-Hago lo que puedo.

-¿Me enseñas?

 

El corazón me late más deprisa aún y tardo algo en responder porque me pierdo en el color de sus ojos.

 

-¿Qué...que te enseñe?

-Sí...si no te importa, claro. Si no quieres no me va a molest...

-¡Si, si! Tranquilo. Vamos, siéntate.-digo haciéndole hueco.

 

Me hace caso y se sienta a mi izquierda.

 

-¿Qué melodía quieres que te enseñe?

-No lo sé, yo no tengo ni idea de esto.

 

Río y pienso en la primera canción que aprendí de pequeña.

 

-Levanta la mano izquierda, Harry.

 

Me hace caso y la agarro para dirigirla al teclado. Se le ha puesto la piel de gallina, lo acabo de ver. Su mano está caliente y la mía fría como el hielo. Pero en mi cuerpo siento tanto calor que creo que ya se ha secado la mancha de agua. Coloco sus dedos en la posición correcta y poso mi mano derecha en mi lado del teclado. Eso ha hecho que nos peguemos más el uno al otro. Pues no hay que dejar mucha distancia entre mano y mano para esta melodía.

 

-Así tocaremos los dos.-le digo.

-Pero tú tocarás bien y yo no.

-Da igual. Seguro que no lo haces tan mal.

 

Digo mirando las teclas para evitar tener que sonreír de nuevo, pues lo llevo haciendo toda la tarde. Pulso las teclas despacio y él hace lo que le indico más lentamente. Es una canción de niños, de unos dibujos animados que veía con mi padre cuando tenía seis años.

Harry se esfuerza, pero no hace más que equivocarse.

 

-No...mira, debes de tocarlas más suaves. Las haces muy picadas.

 

Le hago la demostración y asiente. Lo prueba de nuevo, pero sigue sin salirle.

 

-No puedo, no me sale.-dice apartando la mano del piano.

-Eh...sí, si te sale.  Cuando comencé a tocar tampoco me salía nada, pero poco a poco fui aprendiendo.

 

Cojo su mano de nuevo y ahora ambas están calientes. La pongo otra vez en la posición y le digo:

 

-Vamos, inténtalo. Mi padre decía que si algo no te salía a la primera, debías volver a intentarlo. Y si no te sale a la segunda, te saldrá a la tercera. Y si no te sale a la tercera, a la cuarta. El caso es esforzarte.

 

Harry me mira y curva sus labios para sonreír. Le hago un gesto para que comience y empieza a tocar el trozo de la melodía que le he enseñado. Y le sale. Le sale perfecta.

 

-¿Ves como no era tan difícil?

 

Me mira sin decir nada y yo hago lo mismo. Qué guapo es. Le besaría ahora mismo. Le besaría hasta dejarlo sin aliento, sin respiración. Pero es precipitado. Nunca me ha gustado ni veo necesario ir deprisa. Además, creo que es mejor que sea el chico quién dé el paso. Aunque a veces te desesperas y tienes que hacerlo tú.

De repente, toda la magia se pierde, se esfuma. Porque llaman al timbre y repetidas veces. Y una furia recorre mi cuerpo porque me imagino quién es.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: Lo siento muchísimo (como siempre digo -.-") por haber tardado en subir. No he tenido mucho tiempo y...bueno, he tenido problemas y cuando intentaba escribir, sólo me salían cosas tristes. Lo siento de nuevo.

PD2: Lo de la bolsa de palomitas está basado en hechos reales u.u

PD3: GRACIAS POR ESTAR AHÍ :)

 

 

 

Veintiuno

Cuando llegamos a casa anoche lo único que hicimos fue ver la televisión y de vez en cuando soltarnos algún que otro insulto. Le pregunté a Jake si quería hablarme de Kate. Si había alguna otra razón por la que la dejó a parte de porque se había cansado. Se limitó a ignorarme, como la mayoría de las veces que hablo sobre cosas que no desea contestar.
No he dormido casi nada en toda la noche. La tarde que pasé ayer con Harry inundaba mis pensamientos a cada minuto, pero yo no quería que mi mente se tomara el lujo de hacer ese tipo de cosas, de pensar en él. Porque no, porque no quiero hacer algo de lo que luego me pueda arrepentir. Porque no quiero anticipar acontecimientos que luego me hagan pasarlo mal.

-¡Jake! ¿Por qué dejas todo tirado por el medio?-digo recorriendo el pasillo de la planta de arriba- ¡La próxima vez que vea ropa interior tuya por aquí la quemo!

Justo en ese momento abro la puerta del baño bruscamente para ver si se encuentra ahí y poder también gritarle un poco más. Me quedo impresionada en cuanto lo hago porque lo que me encuentro es...sí, a mi hermano. Pero sin ropa, sin nada que tape su cuerpo, ni siquiera una mísera toalla.

-¡Selene! ¡¿No sabes llamar?!-dice cogiendo su camiseta del suelo y tapándose la zona inferior a sus caderas.
-Lo siento Jake...no sabía que acababas de salir de la ducha.-le contesto intentando no reirme.-Por cierto, ¿qué es esa cosita que tienes ahí?
-¿Que cosita?-pregunta con una de sus caras de asco.
-Lo que te estás tapando con la camiseta.
-¿Cosita? ¿A esto le llamas cosita? Será porque no has visto muchas, hermanita.

Suelto una carcajada y mi hermano cierra la puerta haciendo ruido. Qué imbécil. En realidad no era exactamente una 'cosita', pero me gusta hacerlo enfadar.
Sólo son las 09:00 de la mañana. Quién me iba a decir a mí que un fin de semana estaría en pie a esta hora. Harry tiene la culpa.
Bajo las escaleras y voy a la cocina. Abro uno de los estantes y cojo la caja con cereales. He desayunado hace media hora, pero sigo teniendo hambre. No sé qué hacer para matar el tiempo hasta las 17:00 de la tarde. Me voy al sofá con los cereales vertidos en un cuenco, pero sin leche. Enciendo la televisión y empiezo a hacer zapping. A estas horas no dan una mierda. Sólo programas deportivos y dibujos para niños que no ven ni si quiera ellos mismos.
Oigo a Jake bajar por las escaleras y dirigirse hacia aquí. Giro la cabeza y lo veo entrar vestido con unos vaqueros y una chaqueta de color negra. Lleva colgada una mochila blanca en su hombro derecho y la tira al suelo como si de un trapo se tratase.

-¿Has visto...?-dice sin terminar la frase.
-Que. Que si he visto qué.

No contesta. Veo como busca algo por todo el salón.

-¿Que buscas?-pregunto.
-Una cosa.
-Si me dices qué es a lo mejor puedo ayudarte.

Sigue sin contestarme y le tiro un cereal, pero no le llego a dar. Ha caído en el brazo del sillón. De repente, veo algo verde asomado en el cojín que descansa sobre él. Creo que es lo que está buscando, pero no se lo pienso decir. Que se joda. Mi hermano sale del salón mirando su reloj de muñeca y suspirando. Sube de nuevo las escaleras y oigo sus pasos por todo el piso de arriba. Me estoy partiendo de risa por dentro.

-¡Joder!-suelta gritando.

Me río y le digo:

-¿Seguro que has mirado bien aquí?
-¡Sí! ¡Seguro!
-¡Yo creo que no!

A los dos minutos en los que he estado viendo unos dibujos demasiado raros, Jake vuelve a entrar al salón.

-A ver, busco una camiseta verde. Me la prestó un amigo y como no se la devuelva hoy, me mata. Búscala.

Sin contestarle le señalo con el dedo índice el sillón y se me queda mirando extrañado. Mira hacia donde señalo y acto seguido me tira el cojín que la cubría a la cabeza, haciendo que casi tire los cereales.

-¿Por qué no me has avisado de que estaba ahí?-dice guardándola en la mochila.
-Porque eres demasiado tonto, hermanito.
-Puf.

Se va y coge sus llaves para salir por la puerta.

-¡Oye Jake! ¿Vienes a comer?
-Sí.
-¿Qué quieres que cocine?
-Algo que esté rico.-contesta asomándose al salón.-¡Me voy que llego tarde!
-Vale, hasta luego.

 

Suspiro y miro el reloj. Las 09:30. A veces echo de menos a Jake cuando se va y me deja sola. Me resulta raro no escuchar el sonido de la batería ahí arriba o sus gritos cuando me regaña por algo que ni siquiera he hecho. Nunca había estado tan unida a él y cuando no está cerca me siento un tanto desprotegida.

Me termino los cereales  y dejo el cuenco en la mesa de café que hay justo en frente del sofá en el que estoy sentada. Cojo el mando y apago la televisión porque los dibujos me están poniendo nerviosa con tanta cancioncita y además me está empezando a doler la cabeza. Suspiro de nuevo y me tumbo en el sofá boca arriba. Mis manos están congeladas y empiezo a morderme los labios. Me aburro. ¿Ves? En estos momentos en los que no hago nada no me importaría que Danny entrara por mi puerta y empezara a darme el follón. Cierro los ojos y bostezo. Creo que voy a dormir un poco.

Me despierto casi cayéndome del sofá porque acaban de llamar a la puerta dando unos golpes tremendos. Miro el reloj de pared y veo que son las 09:45. ¿Sólo he dormido un cuarto de hora? Antes de abrir la puerta me subo la cremallera de la chaqueta y me froto las manos.

Me río al ver quién es. Porque era previsible, era evidente. Porque Jones estaba tardando mucho en venir a molestar. Porque sí.

 

-¿De qué te ríes?-me pregunta.

-¿Y a ti que más te da?-digo para picarlo.-¿Vienes a molestarme de nuevo?

-Claro, ¿por qué si no?-dice encogiéndose de hombros.-Además, he visto por la ventana de mi cuarto cómo se iba tu hermano.

-¿Y eso que más da?

-Tú ya lo sabes. Estaremos solos.-me contesta pasando sin que yo le de permiso.

 

Esbozo una sonrisa mientras cierro la puerta y me doy la vuelta para ver que hace. Pero ya no está.

 

-¿Tienes algo de comer?-oigo desde la cocina.

-¡No! ¡No hay nada!.-le contesto mientras voy hacia ella.

 

Cuando llego, lo veo abriendo los cajones y los armarios.

 

-¡¿Pero qué haces?!-digo cerrándolos todos.

-Dame algo de comer anda, porfa.

-¿Es que no has desayunado?

-Tengo hambre, ¿qué más da?

-No te voy a dar nada. Así que sal de la cocina. Ve al salón que yo voy en un minuto.

 

Me hace caso y sale de la cocina, no sin antes soltar un eructo.

Danny Jones es tonto, guarro, maleducado y poco correcto. Todo eso lo vi el primer día que hablé con él y no lo soporté. Ahora lo sigo viendo, pero parece que ya no me importa demasiado. Desde que me acompañó a correr y me dijo eso de "volver a empezar", algo cambió en la forma en la que lo miro. Ni siquiera sé si ha hablado con Spencer, pero parece que ya no me importa mucho lo que pasó. Sé que suena egoísta, pero no voy a hacer siempre lo que me digan los demás. No voy a dejar de hablarle por lo que diga la gente. Porque a mí Jones, sinceramente, me está empezando a caer bien. Él ya no es como la primera semana de clase. No lo es en algunos aspectos. En mi opinión, creo que algo ha cambiado en él.

Dejo el vaso de agua vacío que me acabo de beber y voy a poner la calefacción porque aquí hace cada día más frío. Entro al salón y veo a Jones, sentado en el sillón en el que antes estaba la camiseta verde que Jake buscaba, mirando algo en su móvil. Pero en cuanto me ve se lo guarda en el bolsillo del pantalón.

 

-¿Tus amigas no saben nada de esto verdad?-me pregunta cuando me lanzo al sofá.

-¿Qué es "esto"?

-Pues que vengo a tu casa por las mañanas y no te opones a que me vaya.

-Sólo viniste ayer y hoy es el segundo día.

-Ya, pero lo haré más veces.

 

Sonrío mirando a la televisión apagada y vuelve a hablar.

 

-Di. ¿Lo saben o no?

-No.

-Perfecto.

-¿Qué es perfecto?-pregunto acomodándome.

-Estar aquí, contigo.

 

Me quedo en blanco, sin respuesta. Por lo que cojo el mando deprisa y pongo la tele para no quedarme sin hacer nada.

 

-Pon los deportes.-me dice.

-La llevas clara, Jones.

 

Ríe y se empieza a morder las uñas.

 

-¡Hostia! ¡Un cereal!-dice cogiendo el que le he tirado antes a mi hermano que cayó en el brazo del sillón.-No limpias tu casa ¿eh?-dice metiéndoselo en la boca.

-¿Qué coño haces?

-Comiendo esto, ya que no me das nada más.

-Que infantil eres.

 

Se levanta y se sienta a mi lado muy pegado a mí. Pasa su brazo derecho por mi hombro y no dice nada. Giro la cabeza y nos miramos a los ojos.

 

-Eh...¿puedes quitar el brazo?

-¿Por qué? ¿Te molesta?

-Sí. Me molesta mucho.

-Yo estoy agusto así.

 

Agarro su mano, que al parecer cada vez iba más hacia abajo, y me retiro un poco de su lado.

 

-Pues yo no.-añado.

 

No me hace caso y se inclina para coger el mando de la tele.

 

-Que mando más raro.-dice empezando a tocar todos los botones.

-Para.

 

De repente, Danny le da al botón que te permite ver las cosas del DVD y aparece el menú de la película que iba a ver ayer por la tarde, si no hubiera sido porque Harry me llamó.

 

-¿Qué película es esta?-pregunta.

-Se llama "The notebook", la iba a ver ayer pero me surgió algo y no pude. Se me olvidó guardarla.

-¿Y qué te surgió?

-Nada.

-Entonces si no te surgió nada,  ¿por qué no la viste?

-¡Que sí me surgió algo!

-¿Y para qué dices que no?-pregunta haciendo gestos con las manos.

 

No me puedo aguantar y me entra la risa tonta. Jones es un completo imbécil.

 

-¿La vemos?-me pregunta.

-Es una de esas románticas.

 

Se queda unos segundos dudoso hasta que al final dice:

 

-Bueno, mejor. Tú llorarás, yo te consolaré y caerás en mis redes.

 

Le sonrío y le contesto:

 

-Sabes que te dije que nunca conseguirás nada conmigo.

-Eso ya lo veremos.-responde acomodándose y dándole al play.

 

Durante la duración de la película permanecemos callados, en silencio. Me parece extremadamente raro que Danny no haya soltado aún ni una sola palabra. Nada, absolutamente nada. Y lo mismo por mi parte. La historia me está encantando. Es realmente preciosa esa historia de amor. Me ha conmocionado. Las 365 cartas que nunca llegaron, el beso en la canoa bajo la lluvia y sobre todo las escenas en las que aparecen ellos mismos de ancianos. Es una historia de amor perfecta. La película termina con ellos dos tumbados en la misma cama y cogidos de la mano. Me seco las últimas lágrimas que me caen y cojo el mando para quitarla. Nunca me había emocionado tanto con una película desde que vi Titanic. Miro hacia un lado para ver a Danny, de cuya presencia me he olvidado durante la película. Él sigue mirando la tele, aunque ya está apagada. Está serio y con los ojos rojos e inundados en lágrimas que no caen.

 

-Danny...¿estás llorando?-digo un tanto alucinada.

 

Me mira y me dice:

 

-Qué película más bonita.-dice sin quitar su cara seria.

-¿En serio te ha gustado?

-Sí.

 

Le sonrío y me levanto para guardar la película en su sitio.

 

-Voy arriba a guardarla.-le digo.

 

Mientras camino pienso en la película. Pienso en que hay que luchar por lo que uno quiere, en que no hay que hacer caso a lo que los demás digan si eso te perjudica, que se puede llegar a querer a alguien toda tu vida por muchos años que pasen.

Vuelvo al salón y me encuentro a Jones levantándose del sofá.

 

-¿Te vas?-pregunto mirando la hora: las 12:10.

-¿Quieres que me vaya?

-Lo que tú quieras.-digo encogiéndome de hombros.

-En realidad te iba a preguntar que si me das comida.

-Qué pesado.

-¿Tú no tienes hambre?-me pregunta acercándose a mí.

-Pues...un poco.

-Podemos comer ya.

-¿Ya? ¿Aquí? ¿Juntos?

-Sí, ¿qué tiene de malo?-dice yendo a la cocina.

 

Lo sigo.

 

-¿Tienes espaguetis? Me salen muy buenos.

-Sí, tengo.

-¿No dijiste antes que no tenías nada de comer?-dice abriendo un armario equivocado como si estuviera en su propia casa.

-No empieces.-digo suspirando.-¡Ahí no es! ¡Están en el de la izquierda!

 

Me hace caso y me guiña un ojo. Pongo los ojos en blanco y me levanto para coger la olla. Abro el armario que hay a la izquierda de Jones y la saco. La coloco en la encimera de mármol y le digo:

 

-Aquí tienes la olla.

 

Me siento en la silla mientras él echa agua del grifo en la olla y suelto una risilla a la vez que sujeto mi cabeza inclinada con mi mano derecha.

 

-¿Qué pasa?-me pregunta girando la cabeza.

-No me puedo creer que esté haciendo esto.

-No estás haciendo nada.

-Eso no es a lo que me refiero, pedazo de tonto.

-¿Entonces?

-Me refiero a estar aquí, contigo. Tú cocinando en mi cocina. En mi casa. Para comer juntos.

-¿Qué hay de malo en eso?

-Pues que la semana pasada no quería ni cruzarme contigo.

 

No dejo a Danny contestar y me levanto rápidamente de la silla para evitar que llene más la olla de agua.

 

-¡Quieres cerrar ya el grifo! ¡Si está la olla a rebosar!-digo cerrándolo yo.

-¡Que no me he dado cuenta!-Exclama tirando el agua que sobra.-Es que estaba distraído mirándote.

 

Resoplo con una media sonrisa que él no ve y enciendo la placa de inducción para que se vaya calentando.

 

-Venga Danny, ponlo ahí.

-Sé lo que hay que hacer. Quita pesada.-Dice apartándome.

-¡Pesado tú!

-Pesado tú, pesado tú...-dice imitándome.

 

Le doy una colleja y me vuelvo a sentar.

 

-¿A qué viene todo esto, Jones? ¿Por qué haces esto? Vienes a mi casa, vemos una película, de repente quieres quedarte a comer...Y todo esto contando con que la semana pasada no parabas de hacerme putadas.

-Yo no te hacía putadas.

-Sí.

-No.

-¡Danny que sí joder! ¡Que te me tirabas como si fuera la última tía en la tierra!

-Ah...pero eso no es hacerte putadas. Eso es hacerte un favor.

-¿Un favor?

-Sí, estás muy necesitada. Se te nota en la cara.

-Vete a la mierda.-le contesto seria.-Y ve echando los espaguetis que eso está hirviendo ya.

 

Danny saca los espaguetis de su envoltorio y antes de echarlos a la olla los parte en varios pedazos.

 

-¿Por qué haces eso?

-Porque sí.

 

Resoplo.

 

-¿Te molesta todo lo que te diga?-me pregunta Jones apoyándose en la encimera.

-No es que me moleste, es que nunca me respondes nada coherente.

 

Danny me mira y me sonríe. Se separa de la encimera y se aproxima a mí. Cada vez más cerca de la silla en la que estoy sentada. Se agacha y acerca su cara a la mía, hasta que sólo quedan unos centímetros de separación. No sé que hace. Tampoco sé qué hago yo no apartándome. Veo sus ojos demasiado cerca. Nunca me había fijado en el azul tan claro de sus ojos. Más que nada porque sólo pienso en los de Harry. Sí, también son azules, pero son totalmente diferentes.

De repente, Danny eructa con la boca cerrada y al segundo abre la boca para echarme el aliento. Le aparto dándole un fuerte empujón y casi se cae al suelo.

 

-¿Eres gilipollas o qué?-digo levantando el tono de voz.

-No ha sido para tanto.

-Danny eres subnormal. ¿Te lo han dicho alguna vez?

 

No responde.

 

-Lo estás empeorando.-añado.

-¿Qué estoy empeorando?

-¡Pues que cada día eres distinto, joder!

-¿Yo? ¿Distinto cada día? ¿Y tú? Ayer me dijiste que no ibas a volver a hablarme hasta que no hablara con Spencer y me echaste de tu casa porque te pregunté por qué habías dormido en el sofá. Y hoy, ni siquiera te opones a que veamos una película y me quede a comer. ¿Y soy el que cambia cada día?

 

No sé que responderle. Me ha dejado sin habla, sin poder decir nada. Porque tiene razón. Pero es que no sé qué hacer, no sé qué mierda me pasa con él. Quiero pasar el rato con él, sí. Ahora sí. Pero algo me dice que estoy haciendo algo malo. Ya no por lo que me hayan dicho las chicas sobre él, si no por mí misma. Algo en mi interior dice que algo malo va a pasar, pero no tengo ni idea de lo que es. Decido no hacer caso a mi interior, porque pocas veces acierta, y digo:

 

-Da igual Danny. Déjalo.

 

Jones suspira y vuelve a la encimera. Pero esta vez, se sienta en ella. 

Quince minutos pasan en los que lo único que se puede oír son los espaguetis cociéndose. Y en los que yo he estado pensando. Pensando cosas. En esta tarde, en el trabajo de filosofía, en Harry principalmente. Estoy deseando que este rato de incomodidad pase, comamos y que Jones se vaya. Que se vaya y que mañana en el instituto hagamos como si nada hubiera pasado. Pero sé, que en mi cabeza, nunca ocurrirá eso.

Sirvo los platos yo misma mientras Danny está sentado ya en la mesa. Tengo que preparar yo todo porque dice que él ya ha cocinado y que algo tendría que hacer. Este se cree que manda en mi o alguna cosa de esas. Se cree que está en su casa y que puede hablarme como si fuera una de las tías que se acuesta con él. Se cree que yo me interesaré por él algún día...

 

-Dame una cerveza.-me ordena.

-Cógela tu mismo.-digo echándome agua en el vaso.

-¡Vamos! Estás de pie...

-¿Y qué? Venga, levántate y haz un poco de ejercicio.

 

Jones se levanta y dice en voz baja e imitando a una niña:

 

-Levántate y haz un poco de ejercicio...

 

Me contengo y no le digo nada. Se sienta de nuevo y comienza a comer. Están buenos, pero no se lo voy a decir.

 

-Entonces...¿has hablado con Spencer?

-No.

-¿Y con John?

-Tampoco.

-¿Sabes que el trabajo hay que entregarlo el viernes, no?

-Todavía faltan seis días.

-Cinco.-le corrijo.

-Bueno, el caso es que queda un montón.

-Danny, tienes que hablar cuanto antes con él. No vale que lo hagáis por separado, ya oíste a la directo...bueno, ya oíste a tu madre.

 

Se queda callado unos treinta segundos y dice ignorando totalmente lo que le acabo de decir:

 

-¿A ti te ha tocado con Harry, verdad?

-Sí.

-Estarás contenta.

 

Casi me ahogo al oír esa respuesta, pues no me la esperaba, y bebo un poco de agua. Jones ríe ante mi torpeza.

 

-¿Pero qué dices?-le contesto sin mirarlo.

-No intentes ocultarlo. Sé que te gusta.

-¿Qué Harry me gusta? ¡No!

-No...ya. Por eso pones esa sonrisa de tonta cuando hablas con él. ¿Te crees que no me he fijado?

-¿Y qué hacías tú fijándote en mí?-digo intentando dejarlo mal.

-Porque tienes un culo impresionante.

 

Pongo cara de mala hostia y ríe a carcajadas.

 

-¿Habéis empezado el trabajo?

-Sí. Ayer. Hoy hemos quedado de nuevo.

-¡Qué me dices! ¿Va a venir a tu casa?

-Sí, ¿Qué pasa?

-¿A qué hora?

-¿Para qué quieres saberlo?

-Pues para pasarme por aquí.

-No te pienso abrir la puerta.

-Esperaré a que venga y entraré con él.

-No eres capaz.

-Sí, claro que sí. Y lo sabes.

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: Antes de nada, ¿me haríais el favor de meteros aquí http://supercity.mcfly.com/battleofthebands/view/161 y darle click a "Me gusta"? No hace falta ser pioneer, ni citizen ni nada. Por favor, escuchad la canción está genial. Si ganan, serán los teloneros de McFLY en un concierto del Tour. Porfa, anda...que no os cuesta nada ;)

PD2: Ahora sí, ¡GRACIAS A TODAS POR LEER! (Y perdón por tardar, como siempre)

 

 

 

 

 

Veinte

Nota: Este capítulo es lo que he encontrado esta mañana en el árbol de Navidad. ¡Ho ho ho!

 

 

 

Al mirar sus ojos siento algo, algo extraño. Es una mezcla entre nerviosismo y empanamiento. Creo que sé por qué siento eso, pero me parece que es demasiado pronto para pensarlo.

 

-No hacía falta que te disculparas.-miento.

-Sí, claro que sí. Era lo menos que podía hacer.

 

Le sonrío de nuevo y saco el libro de filosofía que casi se me resbala de las manos si no llega a ser porque Harry lo ha sujetado.

 

-Oye, ¿Cómo has entrado?-me pregunta él levantándose de su cama y dirigiéndose a una gran estantería.

-¿Cómo he entrado a donde?-le contesto mirando su trasero sin querer, mientras está de espaldas.

-Pues a mi casa.

-¿Por la puerta?-digo riendo.

 

Él ríe y dice:

 

-¡No me refiero a eso! Había un timbre fuera ¿sabes?

-¿Ah sí? Pues no me he dado cuenta, es que la verja estaba abierta.

-Ah...habrá sido mi hermano, siempre se la deja abierta. Es tonto.

-¿Toda la inteligencia la has heredado tú?

-Sí.

 

Río y él coge una libreta y un bolígrafo mientras se sienta en su escritorio.

 

-¿Tienes alguna idea sobre el libro?-me pregunta.

-Harry, si te soy sincera, no me enteré ni de la mitad. Creo que no voy a servirte de mucho.

 

Suelta una carcajada y sonrío. La verdad es que lo estoy haciendo todo el tiempo y parezco tonta. Me gusta su risa. Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero es que es la verdad. Es diferente.

 

-Bueno, si quieres te lo explico más o menos.

-Vale.

-Voy a por mis apuntes, me los he dejado abajo.

 

Asiento y lo miro disimuladamente cuando se va. Suspiro y echo un vistazo a su habitación con la mirada. Joder, es que es simplemente perfecta. Todo está en su sitio y en la pared no hay pósters. Es blanca y en el techo hay una bonita lámpara de color negro. Nadie se creería que esta sea su habitación por su forma de vestir. Creo que en eso se parece un poco a mí. Veo una pequeña cajita de color negra en el estante al que se ha acercado antes y me levanto para acercarme a ella y verla mejor. Tiene un cierre plateado que se abre con llave. Me llama la atención uno de los libros que hay colocados en hilera porque creo que es uno que me leí hace muy poco y lo cojo. Pero con la esquina del libro le doy a la cajita y ésta cae al suelo. Pego un bote asustada por si se ha roto, aquí todo parece tan delicado. Me agacho para cogerla y me doy cuenta de que no estaba cerrada con llave, pues la cerradura se ha abierto unos milímetros. No soy una cotilla, pero la curiosidad me puede y la abro. No hay absolutamente nada, excepto un sobre, en cuya esquina se puede leer el nombre que hasta ahora nos ha causado demasiados problemas: Emily. Dejo la cajita en su sitio, pero cojo el sobre y lo abro con cuidado, aunque no está cerrado, pero no quiero hacer ruido ni estropearlo. El corazón me late a mil por hora porque sé que lo que estoy haciendo no es lo correcto y que Harry puede entrar de un momento a otro. Saco lo que hay en su interior. Es una foto. Una foto muy bonita, en realidad. Es ella, es Emily seguro. Es la misma chica que aparecía en la foto que se cayó de la taquilla de Harry, creo que el segundo o tercer día de instituto, pero que luego tiró a la basura. Es la misma chica, pelo moreno por los hombros y ojos azules, pero la foto es distinta. Se encuentra sentada sobre el césped de algún parque, sonriendo y con una margarita colada entre su pelo liso y su oreja izquierda. De repente, oigo pasos  hacia aquí y meto rápidamente la foto en el sobre y seguidamente la guardo en la cajita y la cierro. A la velocidad de la luz me vuelvo a sentar en la cama y en ese mismo momento Harry aparece por la puerta. Lleva consigo los apuntes y un plato con galletas con pepitas de chocolate.

 

-¿Quieres? Las ha hecho mi madre esta mañana.

 

Asiento y cojo una cuando deja el plato en el escritorio.

 

-Oh dios, están riquísimas.

 

Sonríe y coge una de las hojas.

 

-Bueno, estate atenta ¿vale?

 

Le miro a los ojos y mi sonrisa sale sola.

Quince minutos son los que he estado escuchando su voz y asintiendo. Esa voz tan...no sé. Y los gestos que hace con las manos mientras explica algo. Joder Harry, para de ser tan perfecto.

 

-¿Lo has entendido?-me pregunta intentando no reírse.

-Más o menos.

-Bueno mira, yo ya tengo mi parte del trabajo casi hecha. Vamos a hacer la tuya.-coge un folio y un bolígrafo y me los da.-Vamos, voy a dictarte cosas importantes que tienes que poner. Después lo desarrollas.

 

Asiento y lo hace. Y otra vez escucho su voz mientras escribo. Oigo su voz diferente esta vez, porque siempre que hablamos hay gente alrededor y esta vez no hay nadie, la única voz que se oye es la suya en esta preciosa habitación.

Parece que ya lo voy entendiendo mejor. Después de dictarme los elementos principales, los estoy desarrollando con su ayuda. Harry explica bien, sería buen profesor.

El plato de galletas se ha terminado hace una hora más o menos y el reloj marca las 18:45. Mi mano se empieza a cansar de tanto escribir. De repente, una pregunta me viene a la mente.

 

-Oye Harry, ¿por qué no lo estamos haciendo a ordenador?

-Y lo haremos. Pero es mejor primero a mano y más si no lo entiendes. Después, cuando lo pasemos al ordenador será más fácil y casi nos lo sabremos de memoria. También podremos cambiar algunas palabras y esas cosas.

 

Lo miro como si fuera la persona más inteligente del mundo y es que lo es.

 

-¿Te puedo preguntar algo?-digo.

-Claro.

-¿Por qué vas a un instituto público y no a uno privado? Harry, tienes capacidades para hacer cosas más importantes y...bueno, mira tu casa, tus padre podrían pagártelo.

-Ya, lo sé. Pero es que yo no quiero. Nunca he querido ir a un colegio privado, no me gustan. Son demasiado estrictos. Por eso vivo tan lejos. Les dije a mis padres que quería ir a ese porque ahí están todos mis amigos. Es más, te podría preguntar yo a ti lo mismo ¿no?

-Sí, tienes razón. Yo tampoco he querido ir nunca a un colegio privado. Cuando era pequeña sí que iba y no me gustaba nada. Cuando crecí y me di cuenta de que tenía capacidad para decidir cosas por mí misma, se lo dije a mis padres. No se lo tomaron muy bien, pero acabaron aceptándolo.

 

La habitación se queda unos segundos en silencio. Pienso en lo que acabamos de hablar. Por lo menos, tenemos algo en común. Quién sabe, a lo mejor hay otras muchas más cosas.

 

-¿Quieres quedarte a cenar?

 

Esa pregunta me pilla desprevenida y el corazón me late deprisa. No sé si me he puesto roja todavía. Miro la hora en mi reloj de muñeca: las 20:00 ¿Por qué no?

 

-¿A tus padres no les importará?-pregunto para no decir que sí al instante.

-No, no estarán. Se van dentro de diez minutos.

-Ah, vale. Pero antes tendré que avisar a mi hermano.

-Puedes usar el teléfono si quieres.

 

Sonrío ante su amabilidad característica y digo:

 

-Oh, gracias. Pero no hace falta, llamo desde mi móvil.

 

Asiente y me levanto de su cama para salir de la habitación y llamar a Jake. Oh dios, estaba sentada en su cama. En la cama de Harry. La verdad es que es cómoda. Me pregunto cómo será dormir en ella.

Busco en la agenda el móvil de mi hermano y selecciono el que pone: "Stupid brother". Después de cuatro largos tonos, durante los cuales he recorrido todo el largo pasillo, Jake contesta.

 

-Dime.

-Oye que no voy a ir a cenar a casa.

-¿No? ¿Y eso?

-Me quedo en casa de un amigo.

-¿De tu novio ese que ha venido esta mañana, no?

-¿Que más te da?

-O sea, que es tu novio.

-¡Jake! Deja de decir tonterías, joder. Te cuelgo ¿vale?

-Eh eh ¡espera!

-Qué pasa.

-Han llamado papá y mamá.

-Ah...¿dónde están?

-En Southampton. Mañana irán a Francia.

-¿En Southampton? ¿Están a menos de dos horas de nosotros y no vienen a visitarnos?

-No creas que no se lo he preguntado. Pero me han dicho que no podían.

-Claro, que no podían...lo que pasa es que les importamos una mierda.

 

Mi hermano se queda callado y oigo su respiración. Sé por qué se queda callado. Porque no tiene nada que contestar y sabe de sobra que tengo razón.

 

-Bueno Selene, te dejo que nos acaban de servir la cena.

-¿Tampoco vas a cenar en casa?

-No, estoy con un amigo. Si quieres voy a recogerte luego.

-¿En serio? Qué raro en ti.

-Como empieces no lo hago.

-Vale vale...

 

Le digo la calle de Harry fijándome en el papelito de antes y después me lo guardo de nuevo. Cuelgo y cuando vuelvo a la habitación de Harry me doy cuenta de que está recogiendo los apuntes.

 

-¿Ya hemos terminado?

-Por mí seguiría, pero sé que estas cansada ¿verdad?

-Sí.-digo sonriendo.

 

Lo observo mientras cierra la libreta y la guarda. Hasta eso me parece bonito en él. Nunca había conocido a nadie como Harry. Nunca. Un chico amable y simpático, que te ayuda y te hace sentir como si estuvieras en las nubes. Por lo menos a mí me hace sentir así. Cada día que pasa le veo algo especial. Cada día tengo más ilusión de verle. Más ilusión de ver sus ojos y escuchar su voz.

 

-Mi madre ha dejado algo preparado. ¿Te gusta el pescado?

-Sí.-digo intentando no sonreír más.

 

Harry termina y me dice que le acompañe a la cocina. Bajamos las escaleras y después de pasar por distintas habitaciones llegamos a ella. Es grande y luminosa. Predominan los tonos blancos y marrones y en una esquina hay una mesa cuadrada con dos sillas, una en frente de otra. Supongo que la utilizarán para comidas rápidas o desayunos con prisa. Harry abre el horno y de él saca un gran plato tapado con otro. Lo abre y me dice:

 

-¿Crees que hay suficiente para los dos?

 

Me asomo para mirar su interior y río, pues el plato está a rebosar. Lo vuelve a tapar y lo mete en el microondas. Lo programa para calentarlo tres minutos, se gira y se sienta en la encimera, en frente mía. Le miro y él hace lo mismo. Pasan treinta segundos y empiezo a mirar toda la cocina sin saber qué hacer. Estos silencios interminables me ponen nerviosa.

 

-¿Estuviste ayer con George?-me pregunta.

-Eh...sí. Cuando salí de la biblioteca estuvimos juntos.

-George es un buen chico ¿no crees?

-Sí...-digo un tanto extrañada.-Lo es.

 

Harry sonríe y salta de la encimera para abrir el microondas, pues acaba de sonar indicando que los tres minutos han pasado. Me siento en una de las sillas y Harry me dice cuando me ve:

 

-¿Quieres cenar aquí? Podemos ir al comedor si te apetece.

-No, da igual. Aquí se está bien.

 

Coge otro plato y reparte la comida, los deja en la mesa y después coge dos vasos.

 

-¿Qué quieres de beber?

-Agua.

 

Me siento un poco incómoda pues no le estoy ayudando, pero es que no tengo ni idea de dónde están las cosas con tantos cajones y no es plan de tener preguntarle donde se encuentra cada cosa que quiera buscar. Cuando lo coge todo, se sienta en la silla frente a mí y echa la bebida.

 

-Oye, ¿has hablado con John?

-¿Con John?-dice cuando bebe.-Pues...lo he llamado esta mañana pero no me ha cogido el teléfono. Quiero arreglar las cosas con él de una vez. Está claro que no dijo aposta lo de Emi...Bueno, lo que dijo.

 

Me quedo callada al percatarme de que ni si quiera a querido pronunciar el nombre de esa chica.

 

-Probaré a llamarlo mañana de nuevo.

-Haces bien.-digo.-George me dijo que no aguantáis ni una semana sin hablaros.

 

Harry sonríe y dice:

 

-Sí, digamos que John es mi mejor amigo.

 

Seguimos comiendo y durante más o menos dos minutos no decimos nada. Hasta que yo hablo:

 

-¿Quedamos mañana otra vez?

-¿Eh?-dice distraído.

-Para lo del trabajo, digo.

-Ah, vale. Sí, sí. A ver si lo terminamos y tenemos la semana que viene libre.

-Bueno...libre. Hay que estudiar para literatura.

-Gracias por recordármelo.-dice con ironía.

 

Río y por poco me atraganto con un trozo de patata frita. Pero lo he hecho disimuladamente y Harry no se ha dado cuenta. Después de diez minutos, en los que ha mencionado más de una vez a George, terminamos de comer. ¿Por qué me habla tanto de él?

Son las 20:35. Mi hermano me ha dicho que venía a las 21:00 a recogerme, por lo que le pregunto a Harry lo que llevaba queriendo preguntar toda la tarde:

 

-Oye, ¿tú no tocabas la batería?

-Sí.

-¿Puedo verla?

-¡Claro!-dice empezando a andar.-Sígueme, está en el sótano.

 

Le hago caso y por el camino le miro el trasero. Me he pasado la tarde haciéndolo y no creo que se haya percatado de ello. Parece que su culo es un imán para mis ojos. No, en serio, lo hago sin darme cuenta. Vale, no.

Harry enciende la luz para iluminar las escaleras que nos llevan hacia el sótano y bajamos. Hay montones de cosas aquí abajo, pero a pesar de eso, está ordenado. Hay cajas apiladas al fondo y una mesa de ping-pong en una esquina. En medio está su batería. Oh dios, qué batería.

 

-¿Te gusta?

-Está genial.

-Me paso aquí horas y horas. A mi madre no le gusta, dice que estudie y estudie todo el rato.-me dice mientras busca algo.-¿Quieres que toque?-pregunta cuando encuentra lo que buscaba: unas baquetas.

-Adelante.-le contesto sentándome al pie de la escalera.

 

Comienza a tocar y los pelos se me ponen de punta al escuchar ese sonido. Es precioso. Mucha gente no lo aprecia, porque es como "solo es ruido" o también, normalmente, en un grupo el batería está como apartado de todos. Pero no es así, ese sonido es importante. Para mí el más importante de todos, porque si no hay ritmo, no hay música.

Observo su cara mientras toca. Cierra los ojos con frecuencia y aprieta los labios con fuerza. Su expresividad es...es...Dios mío. Jake también pone caras raras cuando toca, pero nunca serán iguales de perfectas que las de Harry. Pego un bote, pues mi móvil ha vibrado. Lo saco de mi bolsillo y veo una llamada perdida de mi hermano. ¡Pero si todavía son menos diez! Espero a que Harry termine de tocar y me levanto.

 

-Lo haces genial, Harry. Podrías estar en una banda perfectamente.-le digo sonriendo.

-Gracias Selene.-dice a la vez que guarda las baquetas en los bolsillos traseros de sus vaqueros caídos.

 

Me quedo en silencio porque no sé cómo decirle que ya me voy.

 

-Eh...bueno, me tengo que ir ya. Mi hermano me está esperando fuera.

-Oh...de acuerdo. Te acompaño.

 

Esbozo una gran sonrisa cuando dice eso y nos vamos del sótano. Harry abre la puerta y la cierra después de coger las llaves. Hace frío y el vaho sale por mi boca mientras nos acercamos a la verja. Oímos el pitido de un coche.

 

-Args. Es mi hermano.-digo.

 

Llegamos a la verja y Harry abre. Salimos fuera y veo el coche de mi hermano a escasos metros de nosotros, haciendo parpadear las luces.

 

-¿Nos vemos mañana a la misma hora que hoy?-pregunta.

-Vale, ¿en mi casa?

-Allí estaré. Hasta luego.

 

Me sonríe y me voy alejando, pero Harry me llama.

 

-¡Selene! ¡Dime tu calle!

-¡Ah!

 

Me acerco a él y se la digo. De repente, una pregunta ronda mi cabeza.

 

-Oye, ¿y tú como sabías mi número de teléfono? No recuerdo habértelo dado.

-Me lo dio George.

-Ah...

 

Me sonríe y nos despedimos de nuevo con un adiós. George. Otra vez menciona a George. ¿Por qué me habrá hablado tanto de él?

Llego al coche de mi hermano y me siento en el lugar del copiloto.

 

-Hola, señor puntual.-le digo.

-Já. ¿Qué pasa? ¿Querías pasar más tiempo con ese?-me pregunta cuando arranca.

-Se llama Harry. Y sí, quería pasar más tiempo con él.

-¿Y eso? ¿Es que no os ha dado tiempo a...?

-Jake, joder. Tú siempre con el mismo tema. Como se nota que te encanta.

-Como me conoces, hermanita.

-¿Sabes? Toca la batería.

-¿Qué toca la batería?-dice con cara de asco a la vez que gira el volante.

-Sí. Y le queda poco para superarte, créeme.

-Si claro, ¿cuánto tiempo lleva tocando?

-Un año y algo.

 

Jake ríe.

 

-¿Crees que me supera llevando yo cinco años tocándola?

-He dicho que le queda poco. Además, tienes razón. Pero creo que llevas más de cinco años tocándotela.

 

Río y mi hermano me da una colleja. Se la devuelvo mucho más fuerte y me dice:

 

-Subnormal.

-Gilipollas.-le respondo.

 

 

 

 

 

 

PD: ¡Perdón, perdón, perdón, perdón y perdón por tardar! A veces me quedaba bloqueada y no sabía como escribir las cosas D:

PD2: Os informo de que me han quedado cuatro, así que no subiré a la velocidad de la luz, pero intentaré hacerlo más rápido.

PD3: ¡FELÍZ NAVIDAD! <3

 

Diecinueve

El sonido del timbre hace que me despierte y abra lentamente los ojos. Veo a mi hermano bajar las escaleras para abrir la puerta, así que me cambio de postura y vuelvo a mis sueños. El sofá no es tan cómodo como mi cama, pero bueno. Oigo a Jake hablar con quien sea que ha llamado, pero le ignoro. Será algún amigo suyo. O Kate suplicándole que vuelva con ella, quién sabe.

En el momento en el que bostezo con todas mis fuerzas, oigo que mi hermano me llama desde la entrada. Pongo los ojos en blanco, porque no hay nada que me moleste más que me despierten, y le contesto con algo que posiblemente no oiga:

 

-Qué.

-¡He enviado a tu visita al salón!-dice mientras oigo su voz alejándose cada vez más.

-¿Qué coño...?-digo para mí misma.

 

Me pongo poca arriba y giro la cabeza para ver qué hora es. Las 13:20. Una de mis especialidades es dormir infinitamente. Suspiro y me froto la cara con las manos. Cuando las despego de mi rostro veo a una persona entrando al salón y abro mucho los ojos.

 

-¡Danny!-digo sobresaltada y tapándome la zona del pecho con un cojín.-¿Qué haces aquí?

 

Danny ríe y se sienta en uno de los sillones.

 

-¿Por qué te tapas? Estas vestida.

-Oh si...es verdad.-digo.

 

Por un momento he pensado que estaba en mi cama y en ropa interior. Vuelvo a bostezar y me froto el ojo derecho.

 

-Pareces un mapache ¿lo sabías?

-Cállate y dime qué quieres.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes? ¿Te crees que puedes presentarte en mi casa así porque sí?

-Sí.

 

Enarco una ceja y esbozo media sonrisa después.

 

-Ahora vengo.-digo levantándome.

 

Jones no contesta y me observa mientras me alejo. Voy hacia el baño a lavarme la cara y a pensar que aún estoy soñando. ¿Para qué ha venido? ¿Por qué siempre tiene que aparecer en los momentos menos esperados? Cojo mi pequeña toalla para la cara de color rosa y me seco con ella. Me retiro el pelo de la cara y suspiro. Vuelvo al salón y me quedo en el marco de la puerta.

 

-Voy a desayunar.

-¿A las 13:25?

-Sí. ¿Algún problema?-digo cruzándome de brazos.-Dime lo que sea que me tengas que decir en la cocina, que me muero de hambre.

 

Danny sonríe y se levanta del sillón. ¿Siempre que le hablo tiene que sonreír o reírse? Llego a la cocina y Jones me sigue a paso lento. Abro el frigorífico y él se sienta en una de las sillas.

 

-Esa leche también la compra mi madre.-dice.

-Qué bien, Danny.

 

Vuelve a reír con esa risa escandalosa que se puede oír aunque estés a mil Kilómetros de él.

 

-¿Me vas a decir a qué has venido?-le pregunto a la vez que me coloco bien mis pantalones vaqueros.

-Me aburría.

-¿Cuándo te aburres llamas al timbre de casas de desconocidos y entras sin más?

-Tú no eres una desconocida.

-Entonces es que coges confianza con la gente demasiado rápido. ¿No crees?

-Puede ser.-dice mirándome mientras cojo el bote de galletas.

 

Estamos unos cinco minutos callados, sin decir nada. Unos minutos en los que lo único que se oye es el sonido de mi boca al morder y el sonido del vaso cuando lo dejo en la mesa cuando bebo. Esta escena es muy rara. Se podría decir que demasiado rara. Ayer cuando me lo encontré en la tienda de música parecía triste y arrepentido por lo que le hizo a Spencer ese dichoso día en el Minigolf. Y sin embargo ahora, está como si nada. Creo que he llegado a la conclusión de que Jones es bipolar.

Aparece Zukie de repente, y Danny cómo no, tiene que hacer su comentario a todo lo extraño que a él le parece.

 

-¡Eh! ¡Tienes un gato!

-Sí. ¿Te dan miedo?

-No. ¿Por qué no me lo habías dicho?

-¿Acaso te interesa mi vida?

-No. Tu vida no. Me interesas tú.

-¿En serio? ¿Y hasta qué punto te intereso?

 

Danny se queda callado unos segundos.

 

-Selene, quería hablarte de una cosa.

 

Suspiro y lo miro seria para escuchar lo que va a decir. Algo me dice que no lo haga, pero sí, quiero hacerlo. Quiero escucharle. Quiero saber si me contará que está arrepentido, si va a  reconocer por fin que lo que hizo estuvo mal.

 

-Desde el miércoles...estás como rara. ¿Te hice algo a ti?

-No, a mí no. Pero a Spencer sí.-le contesto observando mi vaso.

-Exacto, a Spencer. Tú no tienes nada que ver.

-Es mi amiga.

-¿No era yo el que cogía confianza demasiado rápido?

-Danny, eso es distinto.

-¿Por qué es distinto? ¿Son ellas las que te dicen que no hables conmigo?

-Es que...yo...creo que estoy haciendo lo correcto.

-¿Y qué es lo correcto? ¿No hablarme?

-Sí.

-¿Y hasta cuando vas a estar así?

-Hasta que te disculpes con Spencer.

-No lo haré hasta que John se disculpe conmigo.

-Eres idiota, Jones.

 

Me levanto de la silla dejando a medias una galleta y salgo de la cocina.

 

-¿A dónde vas?

-A mi habitación.-digo dirigiéndome hacia ella y oyendo a Danny seguirme.

-¿Puedo acompañarte?

-Es justamente lo que estás haciendo.

 

Entro en mi cuarto y cierro la puerta en sus narices.

 

-¿Me dejas pasar?-pregunta a través de la puerta.

-¿Para qué? ¿Por qué no te vas ya?-le pregunto sentada en mi cama.

-Quiero preguntarte algo.

 

Suspiro y después de unos segundos de silencio digo:

 

-Pasa.

 

Gira el pomo lentamente y acto seguido abre la puerta. Se apoya en el marco de la puerta haciéndose el interesante y dice:

 

-Bonita habitación.

-Déjate de tonterías. ¿Qué querías preguntarme?-digo levantándome para guardar una camiseta colgada en el pomo del armario.

-Ah sí...

 

Se queda unos segundos en silencio y pongo los ojos en blanco deseando que se vaya de una vez.

 

-¿Por qué has dormido en el sofá?

 

Me quedo callada mientras guardo la camiseta, aguantándome la rabia interior porque Danny me pone nerviosa. Porque parece que va a hacer algo importante y te sale con cualquier gilipollez. Me doy la vuelta lentamente y lo miro a los ojos.

 

-Vete, Danny.

-Pero...¿no me has respond...?

-Por favor.-digo totalmente seria.

 

Jones quita esa sonrisilla que pone siempre y su cara se queda similar a la mía. Se da la vuelta sin decir nada más y sale de mi habitación. Escucho sus pasos hacia la entrada y oigo como cierra la puerta sin pegar un portazo.

No lo entiendo. No entendí su comportamiento la primera vez que hablamos, no entendí eso de "¿podemos empezar de nuevo?" y tampoco entiendo a qué viene tanto interés por mí. Ya me dejó claro el primer día de clase que no me iba a hablar más. Y eso, que sólo le pregunté cómo se llamaba. ¿Y qué se cree? ¿Qué puede venir un sábado por la mañana a mi casa y hablarme como si nos conociéramos de toda la vida? No sé si las chicas tendrán razón sobre la manera en la que hablan de él. Pero es que yo no lo veo como ellas lo ven. Le hablaré cuando se disculpe con Spencer, a pesar de lo que Gi, Norah o Spencer me digan, porque no veo impedimento alguno para que sea mi amigo. Aunque es demasiado pesado. Pero...todos tenemos algún amigo así, ¿no?

Después de ponerme algo cómodo y de darle de comer a Zukie, subo hacia la habitación de mi hermano. Creo que ayer dejamos una conversación a medias. Toco con los nudillos en su puerta y me responde diciendo:

 

-Qué.

-¿Puedo pasar?-le pregunto.

-¿Qué pasa? ¿Tú y tu novio vais a hacerlo y no os quedan condones? Lo digo porque a mí no me quedan.

-Vete a la mierda, Jake.

 

Es gilipollas. Nunca me cansaré de decirlo. Nunca. Intento ayudarle y pasa de mí. Pues muy bien hermanito, muy bien.

Bajo las escaleras rápidamente y cuando llego al final oigo la puerta de su habitación abriéndose.

 

-¿Qué quieres?-me pregunta desde arriba parado al principio de las escaleras.

-¿Ahora sí?

-Perdona, es que me lo has puesto a huevo.

 

Suspiro y subo los escalones hasta encontrarme con él.

 

-¿Me vas a contar lo de Kate?

-¿Era eso?-dice dirigiéndose de nuevo a su habitación.

-Sí, ¿te parece alguna tontería? Porque aunque ella no me cayera bien no significa que no me importara tu relación.

 

Lo sigo y entro en su leonera. Coge sus baquetas del suelo y se tumba en la cama boca arriba. Empieza a juguetear con ellas y digo:

 

-¿Piensas decir algo? Porque no tengo todo el día.

-¿Qué quieres saber?

-Ya lo sabes.-digo cogiendo la silla de su escritorio y sentándome en ella.

-A ver...no sé por qué la dejé ¿vale?

-¿Qué no lo sabes? ¿Cómo que no lo sabes?

-Pues eso.-me contesta a la vez que coge una de las baquetas que se le acaba de caer.

-Tiene que haber una razón lógica.

-¿Cansarme de ella lo es?

-Pues no, la verdad.

-Entonces no la hay.

-Jake...no...no seas como...Da...-digo evitando decir ese estúpido ejemplo.-No seas como esos tíos que tratan a las mujeres como si...yo que sé. Como si fueran de usar y tirar.

-¿Y qué pasa si quiero serlo?

-¿En serio, Jake? ¿En serio? Tú nunca has sido así.

-Bueno...la gente cambia.

 

Me levanto sin mirarlo y sin decir ni una sola palabra más. Salgo de su habitación y doy un fuerte portazo al cerrar su puerta. No me lo puedo creer. Mi propio hermano. Jake.

Voy al salón y cierro las puertas. Cuando me siento en el sofá en el que me he levantado esta mañana me doy cuenta que Zukie está en el sillón en el que Jones se ha sentado hace unos cuantos minutos.

 

-Hey.-digo sin ganas.-¡Ven Zukie! ¡Ven!

 

Me hace caso y salta hacia mi sitio. Lo acaricio y cierro los ojos a la vez que me tumbo. Pienso en Harry. En cuándo vamos a empezar el trabajo. El puñetero trabajo. Ni si quiera tengo su número para preguntárselo. Y si lo tuviera, no creo que fuera capaz de hacerlo. Sólo me queda esperar al  Lunes.

En la comida Jake y yo no hemos hablado, ni siquiera nos hemos mirado el uno al otro. Lo único que se oía era el sonido de los cubiertos.

En mi habitación suena "One day" de Simple Plan. Me encanta demasiado esa canción. Ojalá ocurra algún día lo que dice la letra. Son las 16:10 y no sé qué hacer. ¿Estudiar? No, aún es pronto. Seguramente Giovanna quede hoy también con Tom, Dougie...no lo sé, no quiero ni pensarlo. Y los demás, quedarán entre ellos. Parece que todo el mundo tiene un plan menos yo. Me siento estúpida. Hasta mi hermano tiene algo que hacer. Se acaba de ir y supongo que no volverá hasta tarde.

Creo que me haré palomitas y veré alguna película de esas románticas que no pasan ni por casualidad en la realidad.

Voy arriba, a la habitación donde tenemos las películas, los libros y un ordenador. No sé porque mis padres le compraron esta casa tan grande a mi hermano, si no usa la mayoría de las habitaciones. Y ésta menos.  Busco entre los primeros estantes y saco una al azar. En la portada aparecen un chico y una chica a punto de besarse mientras la lluvia cae. Él lleva una camisa blanca y ella una azul. Leo el título: "The notebook". Mi madre la compró este verano y nunca la llegué a ver. Me dijo que era muy bonita, al igual que mis amigas, que incluso se echaron a llorar. Me parece que ahora me va a sobrar tiempo para hacer todas las cosas que no hice en Liverpool. Sin mirar ninguna película más, me dirijo al salón y meto la película en el DVD preparada. Voy a la cocina y cojo palomitas de microondas. Justo cuando voy a programarlo, oigo mi móvil sonar en mi habitación. ¡Oh! ¡Un milagro! ¡Quizá alguien se ha acordado de mí! Espero que no sea mi hermano o Jones dándome por culo otra vez. Cojo mi móvil de encima del mueble y en la pantalla hay un número que no conozco. De todas formas, lo cojo.

 

-¿Quién es?-pregunto extrañada.

-¿Selene? Soy yo, Harry.

 

El corazón me empieza a latir con fuerza y digo:

 

-Ah...hola. ¿Qué...que pasa?

-Oye...¿tienes algo que hacer?

-Oh pues...ahora iba a...iba a...

-Si estas ocupada...

-No no, no lo estoy.-digo.

-En ese caso...eh...era para empezar a hacer el trabajo. Si quieres empezarlo ya, claro.

-Sí sí...cuanto antes lo acabemos mejor.

-Vale, ¿vienes a mi casa?

-Como quieras. ¿Dónde vives?

-Pues...está lejos, quizá no sabes dónde está. Si quieres voy yo a tu casa.

-No, no. Da igual. Dime tu calle.

 

Cojo un trozo de papel de un folio usado y la escribo con bolígrafo negro.

 

-Vale pues...-digo sin saber que decir.

-¿A las 17:00?

-Sí, como ayer.

-Vale, como ayer.

-Hasta luego, Harry.

-Adiós.

 

Él cuelga primero y oigo los pitidos de corte de llamada a la vez que sonrío. Seguramente será una sonrisa estúpida. Odio cuando me pasa. Y es más, ¿por qué me pasa? Sólo he hablado con Harry por teléfono. Por cierto, ¿cómo ha conseguido mi número?

Miro mi reloj y veo que son las 16:35. Vale, ya sé que a las 17:00 no llego. Qué bien. Abro mi armario y me pongo unos vaqueros limpios, una camiseta gris y mi chaqueta negra. Voy al baño con velocidad y me pinto los ojos de la forma en la que siempre lo hago. En otras circunstancias, no lo habría hecho pero es que voy a casa de Harry y...¿y qué? No sé que me está pasando.

Cojo mis llaves, el móvil y la mochila con una libreta y el libro de texto de filosofía en el interior. Me guardo en el bolsillo del pantalón suficiente dinero como para pagar un taxi, pues entre que llego tarde y que no tengo ni idea de en qué punta de Londres vive Harry, me voy a perder. Salgo de casa y miro el reloj de nuevo. 16:45. ¡Diez minutos! Mi record mundial.

Voy casi corriendo por mi calle hasta que llego a la esquina y miro hacia los lados para ver si encuentro algún taxi. Nada, ni uno. Avanzo más y me voy por una calle distinta a la que suelo ir al instituto. Cuando cruzo la calle, veo un taxi aparcando. Suspiro de alivio porque puedo ver que el cartelito es de color verde. Me aproximo a él corriendo y me subo.

 

-Hola.-digo.

-Buenas tardes.-me responde el hombre.-¿A dónde quiere que la lleve?

-Tome.-digo entregándole el papel donde he apuntado la calle de Harry.

-Muy bien. En más o menos media hora estamos allí.

 

Suspiro de nuevo y miro por la ventana, cuando el taxi arranca, como el cielo se pone cada vez más nublado. Me froto las manos para que se calienten, pues siempre las tengo congeladas. Hay veces, que ni las siento. Debería comprarme unos guantes.

Pasados unos treinta y cinco minutos, me empiezo a desesperar. Ya son las 17:20 y el conductor dice que todavía faltan cinco minutos. Puto tráfico.

Cuando esos escasos minutos pasan por fin, llegamos a una calle en la que el coche va más lento. A los lados hay muy pocas casas, pero todas son muy grandes, bonitas y lujosas. Todas ellas tienen una gran verja alrededor y jardines rodeándolas. Creo que en una del principio he visto una fuente.

 

-¿A quién va a visitar usted, señorita? ¡Debe de tener una amiga con mucho dinero!

-¿Qué?-digo distraída observando las casas.-Eh...voy a casa de un amigo. Pero...oiga, ¿no se ha equivocado?

-No, señorita. Esta es la dirección exacta a la que ponía en la nota que me ha dado.

-Ah...

 

Este tipo de casas me recuerdan a la mía en Liverpool. Me encantaba esa casa. Lo único malo era, que no tenía piscina. Aunque mi padre instaló un jacuzzi en el baño, pero nunca lo usé. Me daba cosa meterme imaginándome lo que podrían haber hecho ellos dos ahí dentro.

Paro de recordar cosas cuando el taxista para justo en frente de la que debe ser la casa de Harry. Le pago rápidamente y me bajo. Observo la casa con curiosidad. Es la última de toda la calle, pues no hay carretera que puedas seguir y, en mi opinión, es la más bonita de todas las que he visto a lo largo de ella.

Avanzo hacia la verja negra y me doy cuenta de que está entreabierta, pero mínimamente. La empujo al ver que no hay nadie ni si hay un timbre aquí fuera. La abro y después la cierro con cuidado de no hacer mucho ruido. Ando por un caminito marcado con baldosas de piedras grises que parece no acabarse nunca. Llego a la entrada y le doy al timbre. Unos segundos después, se abre la puerta y tras ella aparece un hombre, de pelo canoso, alto y medianamente en forma. Me llaman la atención sus ojos, porque son exactamente iguales a los de Harry, al igual que la forma de la nariz y la boca.

 

-Buenas tardes.-me dice.

-Hola...eh...he venido a...había quedado con Har...

-Hola, Selene.-dice Harry apareciendo de repente al lado de su padre.

-Hola.

-Papá, esta es Selene. Ha venido para hacer un trabajo de filosofía.

-Ah, encantado Selene. Yo soy Christopher.

-Igualmente señor.-digo dándole la mano.

 

El padre de Harry se va después de cerrar la puerta y Harry me mira a los ojos.

 

-Bueno...vamos a...¿mi habitación?

-Como quieras, es tu casa.

 

Harry sonríe y me dirige a ella. Subimos las escaleras de un color marrón muy claro y me voy fijando en los diferentes cuadros que decoran la pared. La mayoría son abstractos. Llegamos al final de la escalera y llegamos a un amplio pasillo cubierto por una gran alfombra. Giramos a la izquierda y me doy cuenta de que hay otras escaleras que nos llevan a otro piso, pero no lo subimos. Damos unos pasos más y entramos en una de las habitaciones. La suya. Es muy amplia y está ordenada y limpia. Tiene un gran ventanal al fondo y un pequeño balconcito, como mi habitación de Liverpool.

 

-Puedes sentarte en la cama, en el escritorio...en el suelo si te apetece también.

 

Le dejo ver una pequeña sonrisa pero no le digo nada. Me siento en su cama con las sábanas perfectamente dobladas y me pongo la mochila en las rodillas para poder sacar el libro.

 

-Oye...antes de nada...-dice sentándose a mi lado.-Siento lo de ayer. Perdona por hablarte de esa forma y ser tan antipático y siento mucho haberte gritado el pasado miércoles así.

 

Por dentro me muestro seria, pero por dentro estoy feliz. Muy feliz. Porque George tenía razón. Porque me ha perdonado, porque sé que Harry no era realmente como se ha mostrado estos días anteriores. Estoy feliz porque sí.

 

 

 

 

 

 

 

PD: Perdonadme por tardar en subir, he estado de viaje en este puente y no he podido escribir nada. Tenía el principio escrito antes de irme y lo he acabado hoy. Lo he hecho lo antes que he podido :S

PD2: Antes de que se me olvide, si algunas a las que os aviso os habéis cambiado el twitter, ¡decídmelo por favor para que lo cambie yo también de la lista! :3

PD3: Muchísimas gracias por leer, comentar y votar :) ¡Un besazo!

Dieciocho

Nota: Click antes de leer :) http://www.youtube.com/watch?v=dbipjBDyWnM

 

 

 

 

Mis  ojos quedan fijos en los suyos. En esos ojos con ese color azul tan increíble. Pero no recibo ninguna respuesta, puesto que dejo en el estante con rabia, un estúpido libro que había cogido y camino rápida hasta la mesa en la que están todas mis cosas. Cojo mi chaqueta azul ante la atenta mirada de George y me la pongo.

 

-Adiós.-digo a la vez que me subo la cremallera.

 

Me dirijo hacia la gran puerta de la biblioteca y salgo. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y una fina gota de lluvia cae sobre la punta de mi nariz.

Desde que vi a Harry por primera vez, nunca pensé que fuera a comportarse así. Ni siquiera me hice a la idea de que seríamos amigos algún día.

Oigo mi nombre a lo lejos y mi cabeza se gira inmediatamente. George se dirige hacia mí con la mochila colgando de un hombro. Me paro y espero a que llegue, pues prefiero estar con alguien en este momento.

 

-¿Qué ha pasado?-me pregunta en cuanto llega.

-Nada que...que Harry es demasiado estúpido.-digo mirando hacia otro lado.

-¿Habéis discutido?-me pregunta poniéndose la capucha de su sudadera gris para evitar las pequeñas gotas de lluvia.

-No...no exactamente. Es que...no se qué le pasa, George. Está así desde la noche del miércoles, justo cuando John pronunció el nombre de una chica.

-Emily, ¿no?

-Sí. Y no tengo ni idea de por qué reaccionó así. Le he pedido que me lo cuente, pero no lo ha hecho.

-Emily fue una novia que tuvo.

-No George, quiero que sea él quien me lo cuente.

-Sí...tienes razón.

 

Nos quedamos unos segundos callados, escuchando el ruido de las calles y los coches, hasta que George me dice:

 

-¿Quieres que hagamos algo?

-¿No vas a volver a la biblioteca?

-No...me estaba aburriendo. Hannah no paraba de explicarme cosas que ya sabía.-dice guardando sus manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros.

-Bueno...podemos ir a algún sitio.

-Sé de un bar que está bien.

-¿Está  muy lejos de aquí?

-No, sólo a diez minutos.

 

Le sonrío y empezamos a caminar por las calles de Londres.

 

-¿Crees que Harry y John se volverán a hablar?-le pregunto.

-¿Harry y John? ¡Claro! Creo que esos dos no han estado más de una semana sin hablarse. ¿Por qué lo dices?

-Es que...no sé. Tengo la sensación de que todo esto que está pasando es culpa mía.

-¿Pero qué dices?

-Si no hubiera hecho esa apuesta con Harry...ahora todo sería como antes. Ellos no estarían peleados, Jones no le habría hecho eso a Spencer y John no le habría pegado.

-Selene, lo hecho, hecho está. No te preocupes, todo se resolverá.

-Si tú lo dices...

 

Me guiña un ojo y miramos hacia el frente. Las gotas de lluvia están empezando a caer con más fuerza y George me coge de la mano para que corra junto a él. En pocos segundos nos encontramos en frente de un bar. La puerta de entrada es verde oscura y tiene unos cristales translúcidos. George me abre la puerta y paso rápidamente. El local es pequeño pero acogedor. Está casi lleno y suena música muy bajita para dar ambiente. Las paredes son de un color morado y hay algunos cuadros decorándolas. Parece un sitio muy agradable para pasar el rato.

George y yo nos sentamos en una de las mesas que hay en el fondo, al lado de la tenue luz de una lámpara de pie.

 

-Este sitio es muy bonito.-le digo a George colocando mi chaqueta en el respaldo de la silla.-¿Vienes mucho?

-Pues...suelo venir con chicas con una sonrisa bonita.-dice cogiendo una servilleta de papel.

-¿Entonces se supone que tengo una sonrisa bonita?

-Sí.

 

En ese momento, un camarero de unos treinta años se dirige a nuestra mesa con una nota y un bolígrafo.

 

-¿Qué van a pedir?-pregunta.

-Yo quiero una cerveza.-le contesta George.-¿Y tú Selene?

-Oh yo...no quiero nada, no llevo dinero.-digo un tanto incómoda.

-Da igual, yo te invito.

-Que no George, no pasa nada.

-Te obligo a que pidas algo.-me dice sonriendo.

 

Pongo los ojos en blanco y sonrío.

 

-Póngame una botella de agua, por favor.

 

El camarero asiente y se va.

 

-¿Una botella de agua?-dice George riendo.-¿Es que no hay algo más soso?

-¿Qué pasa? Tengo sed.-digo encogiéndome de hombros.

 

George vuelve a reír y lo miro a los ojos mientras lo hace. Sus ojos verdes me recuerdan a los de mi hermano, pero los de George son mucho más claros.

Harry ocupa mi mente en ese instante. Me pregunto si también se habrá ido de la biblioteca o se habrá quedado con Hannah. El camarero hace que deje de pensar en eso cuando coloca en la mesa nuestras bebidas. Abro en dos segundos el tapón de la botella y bebo de ella. George da un sorbo a su cerveza y la deja en la mesa.

 

-¿Sabes? Cuando te vi por primera vez, pensé que ibas a formar parte del grupo de Ruth y esos.-me dice.

-¿Qué?-digo poniendo cara de asco.-¿Yo? ¿Cómo pudiste pensar eso?

-No lo sé.

 

Le sonrío y me dice:

 

-¿Te han hecho daño alguna vez?

-¿Qué quieres decir?-pregunto extrañada.

-Que si has tenido algún novio que te haya hecho sentir mal.

-Ah...eso. Sí, ¿y tú?

-También.

-Pero...¿por qué me preguntas eso ahora?-digo dándole vueltas a mi botella.

-Porque creo que todo el mundo sufre alguna vez.

-George...no te entiendo.

-Lo que quiero decir es que creo que no deberías estar así con Harry. Él está de esa manera por lo que le dijo John, no por ti. Te aseguro que Harry es un buen chico. Espera dos días...o incluso uno, ya se le pasará. No merece la pena que te lo tomes tan a pecho, es una tontería.

-Ya pero...es que...George yo...veo a Harry de una forma muy distin...-digo parándome al ver al camarero acercarse a nuestra mesa.

-¿Vais a querer algo más?-pregunta.

-Una bolsa de patatas.-dice George.-¿Tú quieres otra?-pregunta dirigiéndose a mí.

-No, gracias.

 

El camarero se va y George dice:

 

-Cuando traigan las patatas te obligaré a comértelas, tenlo por seguro.

Río y él lo hace conmigo, ignorando nuestra última conversación que parece no haber existido nunca.

 

La media hora siguiente en la que estamos en el bar, George me obliga a comer la mitad de la bolsa de patatas y acepto. Después de cantar de manera un tanto vergonzosa, una de las canciones que suena en la radio, salimos del local. Sólo son las 19:00 y ya no llueve, así que decidimos caminar sin rumbo fijo. Sin darnos cuenta, llegamos a un pequeño parque cercano al Supermercado en el que me encontré con George hace unos días. El cielo está oscuro y los únicos columpios que hay son iluminados por cuatro farolas, colocadas una en cada punta del cuadrado que forma en parque. Hay un tobogán de color rojo y dos columpios contiguos. También hay un pequeño cajón de arena situado en una de las esquinas del parque.

 

-Este parque está aquí desde que era pequeño.-dice George.-Mi padre solía traerme aquí todos los fines de semana.

 

Le sonrío y nos sentamos en los columpios.

 

-Una vez, vine con mi bicicleta nueva y me estampé con el tobogán.

 

Río y le digo:

 

-Te diste en la cabeza y por eso ahora eres así ¿no?

-¿Qué? ¿Insinúas que soy tonto?

 

Vuelvo a reír y no le contesto.

 

-No me hice nada, solo me raspé el codo cuando la bici volcó.

-Ah...vale, vale.

 

Me sonríe y me balanceo levemente.

Me gusta estar con George. Te da seguridad cuando estas cerca de él y parece que puedes hacer las cosas más ridículas del mundo porque él hará una más ridícula aún.

Una brisa hace que mi piel se erice y al mismo tiempo, veo aparecer un grupo de cuatro chicos por la esquina de la calle del frente. Dos de ellos son de estatura baja y los otros son mucho más altos. Cruzan la carretera y puedo ver que uno de los altos lleva un cigarrillo en la mano, pero no está encendido. Uno de los bajitos intenta que salga la llama del mechero.

De repente, el del cigarrillo posa la sus ojos en mí y se dirige con los demás hacia el parque en el que estoy con George.

 

-¿Quiénes son esos?-me pregunta George.

-No tengo ni idea...

 

Pero en ese momento, me doy cuenta de que si conozco a uno de los chicos. Es uno de los bajitos. No me puedo creer que sea él. No puedo creer que sea Dougie quién vaya acompañado por esos chicos.

 

-Es...es Dougie.

-¿Dougie?

-Sí...es él.-digo levantándome.

 

El grupo se acerca a nosotros y el chico más alto dice:

 

-¿Tenéis fuego?

-Dougie...-digo pasando de la pregunta y acercándome a él.

 

Le cojo del brazo y lo aparto del los chicos con delicadeza.

 

-Hola.-me saluda.

-Doug, hueles a tabaco.

-Sí...es que...

-¿Qué haces con esa gente? ¿No me habías dicho que ibas a casa de un tal Andy con Charlie?

-Sí, allí está Charlie. Y el que ha pedido un mechero es Andy, su hermano.

-¿Y qué hacéis aquí?

-Pues...eh...

 

De repente oigo insultos por parte de George y me giro. Veo como Andy lo empuja levemente y me acerco a ellos, dejando a Dougie a medias.

 

-¡Eh eh! ¿Qué pasa?-digo.

-Eh...¿Quién es esta preciosidad?-pregunta Andy.-¿Tu novia?

-No, no es mi novia.-le contesta George serio.

-Menos mal...¿vienes con nosotros guapa?-dice mirándome y acercándose a mí demasiado.

-No se va a ir con ninguno de vosotros. Y menos contigo, gilipollas.

 

Andy se acerca a George y lo mira fijamente.

 

-¡Andy no! Déjale por favor.-dice Dougie de repente.

 

Todos nos giramos y lo miramos. Lo vemos apartado de nosotros, con las manos cruzadas en la espalda y con un rostro serio.

Andy se retira sin decir una sola palabra y se alejan de nosotros. Dougie me mira y yo le miro a él. No nos decimos nada y se aleja con el grupo. Me alegra que Dougie haya hecho eso. Porque al fin y al cabo ha evitado una posible pelea.

 

-¿Qué se creían esos?-dice George colocándose la capucha de su sudadera.

-Bah...déjalo George. Vámonos de aquí.

 

Nos vamos del parque lentamente y cruzamos la calle hacia una mucho más iluminada.

 

-¿Era Dougie el del instituto con quien has hablado?

-Sí.-digo mirando al frente.

-¡Joder! Cualquiera diría que tiene ese tipo de compañía.

-Es que él no va con ese tipo de gente.

-¿Y tú que sabes?

-Porque sí, porque lo sé.

 

Son las 20:30 y la noche se hace más fría. Llevamos más de media hora caminando y ni siquiera sé a dónde vamos. Y lo que es peor, no tengo ni idea de dónde estamos.

 

-¿Se puede saber a dónde vamos?-le pregunto refugiando mis manos heladas en los bolsillos de mi chaqueta.

-No lo sé. ¿A dónde quieres ir?

-A un sitio donde se esté calentito.

-¿Tienes hambre? Hay un McDonald por aquí cerca.

-Sí, ahora que lo preguntas sí. Me comería esa farola de allí. Pero, ¿sabes que no llevo dinero no?

-¡Que pesada con el dinero! ¡Que te lo pago yo!-dice cogiéndome del brazo.-¡Vamos!

 

Me extiende la mano y saco la mía apenas ya fría. Me agarro a la suya y el contraste de calor a frío hace que un escalofrío recorra mi cuerpo. George empieza a correr y yo también. Más que nada, porque no me suelta.

Veo el McDonald mientras corremos y sonrío. Desde que vine aquí hace ya casi un mes, no había pisado ni visto uno. En Liverpool me pasaba la vida en esos restaurantes. La comida es barata, está realmente buena y suele haber gente de mi edad. ¿Qué más se le puede pedir?

Llegamos a la puerta del restaurante y jadeo del cansancio.

 

-¿Por qué hemos tenido que venir corriendo?-le pregunto quitándome la chaqueta mientras entramos.

-Pues para entrar en calor. ¿No tenías frío?

 

Río y me sonríe. Observamos el McDonald y descubrimos que está realmente petado. No se ve ni una mesa libre por ningún lado.

 

-Quizá haya sitio arriba.-le digo.-Voy a ver.

-Vale, mientras voy pidiendo.-me dice.

-¿Y si no hay sitio arriba qué? ¿Comemos en el suelo?-digo cuando subo el primer escalón.

-Me parece bien.

 

Río de nuevo y cuando subo todas las escaleras, veo que aquí hay cinco o seis mesas libres, por lo que me dirijo hacia una y me siento en una de las sillas de color marrón. Poso mis brazos sobre la mesa y hago ruiditos con las manos. No, para, no hagas eso. Me recuerda a Harry. Cojo el servilletero y me veo reflejada en él. Mis ojos están negros. Tanto por arriba como por abajo. Se me ha olvidado retocármelos antes de salir...Bueno, vale sí. No se me ha olvidado. En realidad no tenía ganas.

Suspiro y en ese momento veo a George al pie de la escalera con una bandeja azul y el pedido encima. Lo llamo desde donde estoy, se gira y me ve.

Cuando llega a la mesa coloca la bandeja y se sienta en frente mía.

 

-¿Qué has pedido?-le pregunto.

-Mierda. Es que no me decantaba, había eso o hamburguesas ¿sabes?

 

Cojo una patata frita y se la tiro a la cara.

 

-No desperdicies la comida que lo he pagado yo.

-Oh si, si. Disculpe.

 

Me mira mientras desenvuelvo la hamburguesa y sonríe. Doy un sorbo a la coca-cola que me ha pedido George y miro a mi alrededor. Aquí  se está calentito. Además, está lleno de gente y eso me gusta. Aunque prefiero sitios en los que haya gente que no conozca, porque en este momento estoy viendo a Ruth subir las escaleras con James detrás llevando la comida.

 

-Mira George. Allí están James y...mi mejor amiga Ruth.

-Sí...-dice cuando se gira.-La zorrita de la clase.

 

Río al escuchar eso y por poco me atraganto.

Veo como George saca un muñequito que viene con el Happy Meal. Es una especie de extraterrestre de color amarillo.

 

-Hola, soy Selene y tardo un siglo en comerme una hamburguesa.

 

Extiendo el brazo para quitarle el muñeco, pero cuando lo tengo en la mano rozo sin querer mi refresco y se vuelca. Rápidamente George lo pone de pie, pero es demasiado tarde porque mis vaqueros se acaban de manchar de un líquido oscuro.

 

-En serio, ¿siempre tengo que tirar algo?

 

George ríe y con una de las cientos servilletas que se ha traído limpia el líquido de la mesa.

 

-Gracias por ayudarme ¿eh?-digo secándome el pantalón.-Voy al baño. Cuida del trozo que aún me queda de hamburguesa.

-No te preocupes, tu hamburguesa está a salvo conmigo.

 

Me levanto y me dirijo hacia el baño que hay en esta misma planta. Por el camino, veo a James y Ruth, en una de las mesas del fondo, que acaban de terminar de cenar.

Abro la puerta del aseo y casi me doy en las narices con ella porque justamente la abre una chica al salir. Después de unas disculpas consigo entrar. Voy a los lavabos y me echo agua con un poco de jabón, aunque no sé para qué, y con la ayuda de un trozo de papel higiénico. ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí? Mancharme, caerme, tropezarme, la inevitable conexión que tienen los objetos en mi mano con el suelo...¿Cuándo acabará todo esto?

Cuando termino, tiro el papel hecho una bola a la papelera de color negro que hay en una esquina y me miro en el espejo. Mientras me lavo las manos, la puerta del baño se abre y alzo la vista hacia el espejo y ver quién es. Sólo una chica en el mundo tiene ese color pelirrojo.

Sin mirarme si quiera, se coloca en frente del espejo contiguo al mío y saca un lápiz de ojos de su bolso marrón.

 

-¿Qué haces con George?-me pregunta cuando termino de secarme las manos.

-¿Y a ti que más te da eso?-le respondo dirigiéndome hacia la salida.

 

Se queda en silencio y cuando abro la puerta para irme me dice:

 

-¿Quieres mi lápiz de ojos? ¡Creo que te hará falta!

-Que te den.-digo cerrando la puerta del baño con fuerza.

 

Me dirijo de nuevo hacia la mesa en la que estaba con George ignorando varias miradas que se posan en mi pantalón porque parece que me he meado encima.

George se ha burlado de mi mancha y de mí mientras me terminaba la dichosa hamburguesa. Los minutos han pasado en el restaurante hasta que ya no ha quedado casi gente y ni siquiera nos hemos dado cuenta. Son las 22:30 y estoy caminando a paso ligero hacia mi casa. George se ha ofrecido a acompañarme, luego él se cogerá un taxi para volver a su casa. No me he opuesto, pues no me gusta ir sola cuando es de noche. Y menos por las calles donde no hay ni un alma.

 

-Mira, es esa casa de allí.-le digo señalando la casa de mi hermano con el dedo índice cuando solo quedan unas tres casas para llegar.

-Espera, espera...¿vives al lado de Danny?

-Sí...es mi vecino.

-Que mala suerte.

 

Pongo una media sonrisa y le digo:

 

-Bueno...a veces.

-¿Cómo que a veces?

-No sé...una vez fue simpático conmigo.

-Tú misma lo has dicho. Una vez.

 

Suspiro cuando nos paramos en frente de mi casa y lo miro a los ojos.

 

-Gracias por acompañarme, George.

-No hay de qué.

-Me lo he pasado muy bien contigo esta tarde.

-Sí, y yo. ¿Podremos repetirlo algún día no?-pregunta encogiéndose de hombros.

-Claro que sí.

 

Le sonrío y se da la vuelta para irse.

 

-Adiós Selene.

-Ten cuidado.

 

Lo observo mientras se aleja y sonrío. Me acerco a la entrada de mi casa y veo una luz tenue a través de la ventana que hay en el salón. Introduzco la llave y paso. No se oye a nadie hablar, sólo las voces de dos hombres discutiendo sobre un partido de fútbol provenientes de la televisión.

 

-¿Jake?-pregunto sin esperar respuesta alguna.

 

Me dirijo al salón mientras me quito la chaqueta y veo a mi hermano sentado de mala manera en el sofá. No lleva la ropa de calle, si no la ropa que se pone normalmente para dormir. Un pantalón de deporte viejo y su camiseta blanca. Tiene los ojos fijos en la pantalla y ni siquiera gira su estúpida cabeza para verme.

 

-Jake...estoy aquí ¿sabes?

 

Cojo el mando de la televisión y la apago para que me preste atención. Pero en vez de echarme la bronca de siempre por quitarle algo que él estaba viendo, se queda igual que estaba cuando lo he visto por primera vez. Algo le pasa. Me acerco al sofá y me siento junto a él.

 

-¿Me vas a decir que te pasa?

 

Suspiro porque sé que no voy a recibir respuesta alguna pero de repente sus labios se despegan y sus ojos me miran para decir algo.

 

-He...he dejado a Kate.-dice sin apartar sus ojos verdes de los míos.

-¿Qué? Pero...¿por qué?

-Ssh...no quiero hablar de eso ahora, Selene.

-Pero Jake...

-Por favor.

 

Me callo inmediatamente porque es la primera vez que mi hermano me pide algo diciendo por favor. Me pego más a él y apoyo mi cara en su hombro mientras pongo los pies en el sofá y me acomodo. Pasan unos minutos y me resisto a cerrar los ojos, pero poco a poco, el picor que siento en ellos y el cansancio que siento en mi cuerpo, hacen que me dé por vencida.

 

 

 

 

 

 

PD: SORRY por tardar T_T ¡Gracias por seguir leyendo aunque tarde en subir una eternidad! xxx

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